METROID PRIME 3: CORRUPTION

La nuestra es una industria esquizofrénica, que parece necesitar de una sensación permanente de novedad pero que, al mismo tiempo, apoya sus cimientos en valores sólidos, inmutables: sistemas de juego y mecanismos lúdicos que apenas giran, como enormes ruedas dentadas, con cada iteración tecnológica.

Metroid es uno de los pegotes de lubricante más veteranos que encontramos en estas ruedas dentadas… y da gusto ver cómo continúa haciéndolas girar.

La serie, que data de los tiempos de los 8 bits, tiene ya más de treinta años y ha conservado casi intactas sus características más destacables para alegría de su nutrida parroquia de seguidores.

LAS COSAS DE SAMUS

Hoy nos ha dado por recordar la tercera entrega de la serie Prime, de título Corruption, final de la trilogía y primera incursión de Samus Aran en Wii; una especie de sueño erótico para todo buen samusófilo que se precie de serlo.

El primer nivel transcurre en la Olympus, nave nodriza de la Federación Galáctica, donde la ayuda de Samus es requerida para contrarrestar la infección vírica que los piratas han provocado en las defensas de la nave.

Una vez más, la pobre Samus continúa siendo esa especie de gafe galáctico a la que, donde quiera que vaya, acompañan los problemas.

Dicho lo cual, la acción de Metroid Prime 3: Corruption transcurre dos meses después de los hechos narrados en la anterior entrega, Echoes.

La historia, en la que vuelven a aparecer los misteriosos Chozos, profundiza en los orígenes de la energía Phazon, responsable de la corrupción de varios mundos y de la propia Samus que, de nuevo, tendrá que verse las caras con su némesis, Dark Samus.

El primero de los Prime, al adaptarse a un motor 3D, supuso el casi total abandono de la mecánica de plataformas: nacía así una saga de aventuras y exploración donde la interfaz en primera persona refuerza la sensación de soledad del jugador, que recorre enormes escenarios de forma no lineal, progresando poco a poco a medida que explora cada rincón del entorno y descubre las claves de unas tramas complejas y bien escritas.

Así, nos extrañó un poco que el primer nivel de Corruption tuviese cierto tono de shooter, quizás pecando de la necesidad de mostrar y explicar al jugador el nuevo manejo de Samus.

El Wiimote hace un excelente trabajo a la hora de meternos en la piel de la heroína más melancólica del medio: con un mando moveremos al personaje, y con el otro apuntaremos y accionaremos las armas – que mejorarán de forma apilable, como en el Super Metroid de 16 bits – y equipo, donde resulta destacable el uso del arpón con el Nunchuk, un juego en sí mismo y una excelente manera de hacer el ridículo en público.

El nuevo interfaz mejora, que no potencia, la faceta de shooter del título, al hacerla tremendamente accesible para jugadores novatos.

Al mismo tiempo la dificultad aumenta, al poder seleccionarse un modo de disparo totalmente manual, free lock, que pondrá a punto nuestro pulso, puntería y sangre fría.

Por si fuera poco con la reforma de la interfaz, el aspecto gráfico de Metroid Prime 3: Corruption también ha sido mejorado con respecto a sus precedentes en GameCube, destacando el buen uso de transparencias.

No podemos decir que estamos ante un juego gráficamente espectacular, pero lo cierto es que los escenarios y el diseño de enemigos de la serie Metroid dejan a la altura del betún a producciones donde la obsesión por la potencia bruta y el número de polígonos parecen primar sobre la dirección de arte o la simple coherencia estética.

Así, casi sin darnos cuenta, completamos el primer nivel, donde la exploración en solitario de túneles infinitos, ya se a pie o en forma de esfera, vuelve a estar presente.

Tras la consabida pelea con el espectacular final boss de turno, se da paso a una serie de fases, ahora sí, de estilo puramente Metroid: escenarios decadentes, solitarias civilizaciones en ruinas y exploración no lineal… con un excelente uso del arpón a modo de tirolina de mecánica plataformera.

No resulta aventurado, por tanto, asegurar que Corruption puede hacer las delicias del fan, incluso después de tantos años.

No en vano, el magistral aprovechamiento de las funcionalidades de Wii mejora una serie de sólidos valores que continúan intactos.

CONTEXT SENSITIVE INTERACTION

Con este rimbombante apelativo ha bautizado el equipo de Retro Studios el uso que Metroid Prime 3: Corruption hace de las particulares funciones del mando de Wii.

El Wiimote no nos servirá únicamente para apuntar el arma de Samus, sino que, en ocasiones, se convertirá en una extensión de nuestro brazo con la que podremos manejar diferentes mecanismos y dispositivos.

Así, abriremos puertas, conduciremos nuestra nave, lanzaremos el arpón…

Puede que no sea un gran aporte a la jugabilidad del título, pero es un inteligente aprovechamiento de las capacidades de Wii que, al crear un vínculo casi físico entre el jugador y el entorno que rodea a Samus, refuerza la identificación con ésta y la sensación de inmersión en el juego.

BREVE HISTORIA DE METROID

La historia del enfrentamiento entre Samus Aran, los Metroids y Piratas Espaciales se remonta a 1.986, año en el que se publica para NES el primer título de la serie.

El cartucho fue de los primeros en implementar un sistema de contraseñas para guardar el avance del jugador, dada su larga duración, y sorprendía al usuario revelando, al final de la aventura, a una Samus femenina – que aparecía en bikini si se completaba en tiempo record, añadiendo una cantidad inesperada de carne a la vista -.

La secuela, Metroid II, fue editada para Game Boy en 1.991, y tras otros cinco años aparecía Super Metroid en 16 bits.

Tendrían que pasar 8 largos años para que los fans recibieran el primero de los Prime, adaptación al interfaz en primera persona que impulsó la saga a nuevos niveles, pese a la desconfianza inicial.

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