MINIPLANETS

Miniplanets Sega Genesis Mega Drive Homebrew Platform Puzzle Game Pixel Art Xtreme Retro

Ya habrán deducido, por la naturaleza de los últimos juegos comentados, que me fascinan los títulos de control sencillo y simples en su concepción.

Hay algo de natural ligazón entre lo inmediato y lo intuitivo de aquellos juegos que se manejan con un solo toque en el momento preciso, devolviendo el medio a su plan inicial.

Luego está la cuestión de que la sencillez conduzca al clonismo indiscriminado, y que visto un plataformas, o un puzzle, vistos todos.

Pero los matices, las pequeñas distinciones entre unos y otros son las que perfilan las diferencias, al final, entre otro clon de Flappy Bird y un título que tiene algo decididamente nuevo que contar, por elemental que sea.

Como sucede con tantos lanzamientos independientes, no hay muchos detalles que desgranar sobre el desarrollo de Miniplanets: nuestro personaje traza amplias parábolas mediante saltos, y se desplaza por la superficie de varios planetas desconocidos.

Su misión, como de costumbre, consiste en localizar llaves y la correspondiente salida, sorteando toda suerte de obstáculos y enemigos por el camino; con la salvedad de que estos mundos están recreados en complejas 3D, lo que otorga aún más de capacidad de maniobra.

Así pues, con su mecánica esquemática y acogedor punto de partida, Miniplanets esconde unos minúsculos vericuetos estratégicos.

La rotación del escenario no sólo sirve para medir la distancia entre los saltos, sino también para perfilar la velocidad del desarrollo; lo que garantiza que, en cada partida, el aficionado reincida con insistencia en una curiosa búsqueda del ritmo interno idóneo.

Particularmente, es toda la complejidad que busco en un juego casero para Mega Drive tan sencillo y con unos controles tan limitados porque, mecánicas enrevesadas artificialmente que sólo pretenden nutrirse de mayores artificios, yo os maldigo.

Que nadie se lleve a engaño: la fugacidad del placer que proporciona Miniplanets parece tan efímera e intrascendente como la de cientos de juegos hombrew.

Pero, de algún modo, en esas abstractas partidas de pocos minutos se puede atisbar la esencia del videojuego: la insistencia del usuario por seguir avanzando sin ir hacia ninguna parte, la imprevisibilidad unida a la repetición, y los movimientos reflejos fuera de todo control racional.

Insisto: a mí me basta y, qué demonios, a ustedes también debería bastarles.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.