MONKEY ISLAND 2: LECHUCK’S REVENGE

Tras el éxito cosechado por la divertidísima entrega original, la continuación de esta memorable aventura de piratas ideada por Ron Gilbert no se demoró excesivamente; de modo que apenas un año más tarde – concretamente en el 1.991 -, fue posible revisitar la emblemática isla del mono que tan buenos recuerdos había dejado entre miles de aficionados.

La trama da comienzo cuando el intrépido Guybrush Threepwood se encuentra en una situación realmente comprometida, aunque por fortuna no todo está perdido, pues su bienamada Elaine Marley, gobernadora de profesión, parece dispuesta a prestarle ayuda desinteresada.

Sin embargo y muy a su pesar, antes de proceder al rescate deberá saciar la curiosidad de esta ocasional compañera de fatigas, por lo que se verá forzado a explicar el origen de la molesta situación que le aqueja.

Por descontado, los primeros compases de la historia no hacen presagiar el funesto desenlace, pues la vida parece sonreirle al valeroso pirata – ahora sí -, cuyos huesos han ido a parar a la distante isla Scabb, situada en el mar Caribe.

Lamentablemente los continuos relatos acerca de sus hazañas pasadas no parecen impresionar al resto de experimentados camaradas de profesión, exhaustos de escuchar reiteradamente cómo un joven aspirante a pirata consiguió deshacerse del temido LeChuck, por lo que al bueno de Guybrush no le queda más remedio que embarcarse una vez más en otra peligrosa aventura de proporciones bíblicas, que le llevará a buscar nada menos que el Big Whoop, el tesoro más codiciado y grande del mundo entero.

Pero dada la mala – o buena, según se mire – fortuna, su camino estará plagado de dificultades, comenzando por el embargo que ha impuesto el pérfido Largo LaGrande – un malhumorado pirata de reducida estatura para más señas – en toda la isla.

Una vez superado este contratiempo, el decidido protagonista aún deberá visitar otras tres islas entre las que se reparten los trozos del consabido mapa que le guiará hasta el anhelado tesoro, e incluso arriesgar su propia integridad física en la fatídica fortaleza de su inmortal enemigo, el siniestro pirata zombie LeChuck.

Todas estas idas y venidas tienen lugar a través de cuatro ocurrentes episodios, en los que nuestro pirata favorito beberá grog, practicará vudú, transitará lugares de lo más variopinto, entablará relación con personajes ciertamente singulares, escapará de la fría cárcel y en definitiva, se enfrentará a una aventura mucho mayor que la anterior.

Es decir, mucho más divertida y excéntrica si cabe, pero también más larga, alocada y compleja.

¿Acaso se puede pedir más?.

Respecto al apartado técnico es preciso destacar que, si bien no resulta tan sorprendente como el original, en términos generales la calidad es claramente superior.

De entrada se perfeccionaron los gráficos, pese a utilizar también un sistema VGA y al escaso margen temporal transcurrido desde el lanzamiento de The Secret of Monkey Island.

Esto se traduce en unos fondos más vistosos, detallados y coloridos que aquellos que pudieron verse en el episodio de 1.990.

No obstante, el inventario disponible si sufrió cambios considerables – además de verse incrementado concienzudamente con una gran cantidad de objetos -, pues para la ocasión se presenta por medio de iconos, resultando por tanto mucho más accesible, intuitivo y sencillo de manejar.

Con todo, es justo reconocer que el título que aquí nos ocupa no ha hecho historia por sus incontables virtudes técnicas, sino debido a sus atractivos puzzles, sus diálogos inolvidables y las desternillantes situaciones en las que prácticamente cualquier hecho tiene cabida, por insólito que parezca, entre los que destacan las alusiones al célebre Indiana Jones, los concursos de escupitajos o ese final tan desconcertante, por citar tan sólo algunos ejemplos posibles.

Tristemente, tras la creación de esta apasionante obra maestra, el glorioso equipo formado por el propio Ron Gilbert, Dave Grossman, Steve Purcell y Tim Schafer terminaría por separarse, dejando así inconclusa la trilogía inicial.

Poco después Gilbert abandonaría LucasArts.

Schafer y Grossman ocuparían sus quehaceres en el diseño del largamente recordado Day of the Tentacle, aunque el primero de ellos también participaría en la creación del soberbio Grim Fandango.

Y por último Purcell se encargaría de dar vida a los carismáticos personajes de Sam & Max Hit the Road, dejando todos ellos su nombre firmado con letras de oro en la historia de las aventuras gráficas.


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