MORTAL KOMBAT II

Escepticismo, esta palabra define a la perfección lo que pensamos todos los amantes de Game Boy cuando nos anunciaron la conversión del gigantesco arcade Mortal Kombat II para nuestra consola.

A pesar de la sorpresa generalizada que causó la primera entrega, poca gente esperaba que Probe pudiera superar un producto ya excepcional.

Pero con el juego en nuestras manos, no podemos hacer nada más que descubrirnos ante lo que tenemos delante.

Los cuatro megas de la segunda conversión del gigante de Midway nos han dejado gratamente impresionados.

Nada menos que ocho personajes de los doce originales están disponibles en este cartucho.

Ni Baraka, ni Raiden, ni Kung Lao, ni Johnny Cage han sido contemplados.

Todos los golpes especiales que vimos en Super Nintendo y Mega Drive se conservan íntegramente, y sólo se pierden los puñetazos y las patadas menos poderosos.

Esto es debido al menor número de botones útiles.

Así disponemos de uno para patadas, otro para puñetazos, el Start para bloquear, y Select, que pausa el juego.

Cada luchador puede realizar un fatality de los dos que cada jugador tenía en la versión para los 16 bits, generalmente el más espectacular y sin sufrir censura alguna por parte de los programadores.

En cambio, los friendship moves y babalities han sido eliminados completamente del cartucho.

También existen personajes secretos, aunque menos que en las otras versiones.

La gran baza del juego es su realización técnica, que no tiene nada que envidiar a la de sus hermanas mayores.

Figuras nítidas de enorme tamaño, increíblemente animadas y manejables, rapidez en todas las acciones, facilidad a la hora de ejecutar las magias y un montón de detalles soberbios convierten a este cartucho en uno de los grandes juegos de lucha para esta consola.

Respecto al primer Mortal Kombat la ventaja es rotunda, ya que la calidad gráfica, jugabilidad y equilibrio entre luchadores no tienen parangón alguno con su predecesor.

Lo dicho, una joya.

EN SÍNTESIS

Los luchadores son enormes y de un dinamismo asombroso, aunque los decorados del juego son bastante sosos.

La música es sencillamente correcta, pero en algunos momentos peca de cierta estridencia.

Tampoco debemos exigirle demasiado en este aspecto.

Los efectos sonoros, sin embargo, son bastante buenos.

Por lo demás, la diversión está asegurada, con magias sencillas de hacer y golpes rápidos.

Dicho lo cual, este juego no es un sucedáneo de sus hermanos mayores.

Por sí solo tiene la entidad necesaria para hacer disfrutar a los fanáticos del arcade de una conversión adecuada y suficiente.

No es comprensible tener una Game Boy, adorar los juegos de lucha, y no disponer de este título.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.