MORTAL KOMBAT

Atrás ha quedado aquel famoso 13 de septiembre del año 1.993, popularmente conocido como Mortal Monday, en el que ríos de tinta fueron necesarios para su promoción.

Y no es para menos, pues aquella fecha supuso el estreno en consola del legendario Mortal Kombat, un arcade que llevaba revolucionando los salones recreativos desde hacía largos meses.

Por descontado, realizar una conversión de tamaña coin-op a una portátil como Game Boy podría parecer algo bastante pretencioso.

Más aún si tenemos en consideración que dicho juego requiere un pad de, al menos, cinco botones.

No obstante, pese a sus evidentes limitaciones, nos encontramos frente a una adaptación cuidada, que respeta en esencia todos aquellos detalles que ensalzaron a la entrega original entre los llorados salones de juegos.

Basta con observar los gráficos de este diminuto cartucho para darse cuenta de ello, pues presentan un acabado realmente meritorio para lo que venía siendo habitual en la portátil de Nintendo, incluyendo la digitalización y animaciones de los personajes, así como unos escenarios de correcta definición y variedad.

En cuanto al apartado jugable, sufre algunas variaciones con respecto a las versiones mayores; algo lógico dado el menor número de botones y superficie de la pantalla.

Aún así, las características fundamentales de cada luchador siguen presentes, pudiéndose utilizar todas ellas con relativa facilidad, siendo este quizá el mayor handicap del programa.

A fin de solventar esta dificultad añadida, sus creadores tuvieron a bien incorporar el botón Select para los puñetazos y patadas fuertes, de vital importancia para ejecutar la práctica totalidad de ataques especiales.

No obstante, dicho botón se emplea también para cambiar de luchador una vez iniciado el combate, de modo que la tragedia está servida, pues con relativa frecuencia se produce una variación de personaje, en lugar de efectuar el golpe especial deseado.

Otro aspecto reseñable es la desaparición de Johnny Cage, aunque por fortuna si se brinda a los usuarios la ocasión de escoger al mismísimo Goro, e incluso al pérfido hechicero Shang Tsung.

Esto fue posible gracias a la aplicación de los últimos avances técnicos en cuanto a compresión de memoria se refiere, de modo que esta peculiar adaptación presenta la friolera de cuatro megas, algo que a principios de los noventa podría sonar a ciencia ficción en dicha consola.

Y así, con el título que nos traemos entre manos, la sombra del dragón se proyectó sobre todos los sistemas disponibles en el mercado, y sirvió también para ayudar a convertir al clásico arcade en todo un mito dentro del género.

En definitiva, nos encontramos frente a una versión más que correcta dadas las restricciones de memoria, cuyo único punto negro se encuentra en los golpes especiales – un aspecto fundamental en este tipo de programas, dicho sea de paso -, que le restan jugabilidad y pueden tornarse en un motivo de frustración.

Sin lugar a dudas, habría sido preferible buscar inspiración en el añorado Best of the Best y su asequible manejo.

Aunque esta carencia queda subsanada, al menos en parte, por la opción de dos jugadores simultáneos, así como la posibilidad de encarnar a los poderosos Shan Tsung y su implacable aprendiz Goro.

Por último, aquí os dejo un enlace desde el que podréis emular este codiciado juego, para sacar así vuestras propias conclusiones y recordar viejos tiempos con la vetusta portátil de Nintendo.

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