NACE UN ICONO DE LOS VIDEOJUEGOS, BIENVENIDO MARIO

Como no sabía inventar un personaje guay, me inventé a Mario“.
Como tantos otros artistas japoneses, Miyamoto no pierde el tiempo adornando largas explicaciones vanales a la hora de ilustrar el nacimiento de uno de los iconos más famosos y representativos del mundo de los videojuegos.
A finales de los ochenta ya era más conocido que personajes de la talla de Mickey Mouse o Bugs Bunny, y se ha convertido en todo un referente de la cultura actual gracias a unos rasgos alegremente divertidos que lo hacen inconfundible.
Fue a principios de la década de los ochenta cuando Nintendo trataba de hacerse un hueco en el difícil mercado americano.
En ese entonces Hiroshi Yamauchi, presidente de la compañía, decidió hacerle un encargo a un joven prometedor conocido como Miyamoto, que recibió la orden de desarrollar un juego basado en la franquicia de Popeye, el famoso marinero que adoraba las espinacas.
El título resultante contaba con un argumento que puede pecar de simple a día de hoy, pero que estaba muy elaborado para la época.
Brutus había secuestrado a la novia del protagonista, Olivia, por lo que el bueno de Popeye debía rescatarla tratando de escalar edificios, mientras su némesis particular le lanzaba barriles que tendría que esquivar con presteza.
Lamentablemente Nintendo perdió los derechos del personaje, por lo que se decidió a hacer ligeros cambios en el programa sin variar la estructura, dando lugar a uno de los primeros éxitos de la compañía, Donkey Kong.
La solución fue más sencilla de lo que parecía; se optó por sustituir al marinero por un carpintero, y se hizo lo propio con el enemigo, que para la ocasión se trató de un gorila gigante con cara de pocos amigos subido a un edificio en construcción.
En ese primer juego, el protagonista tenía el insulso nombre de Jumpman, pero ya contaba con algunos de sus rasgos más característicos que permitieron identificarlo y labrarse una reputación de honor en la industria.
Así podíamos controlar a un simpático personaje de reducido tamaño con un gran bigote, una nariz desproporcionada, engalanado con su gorra, peto, y una pintoresca barriga.
Su aspecto en realidad no se debía a algún tipo de alarde de su creador, sino que respondía a las necesidades del juego para el que fue creado.
De esta forma, el peto permitía distinguir los brazos del resto del cuerpo y el bigote cumplía la misma función con la nariz.
En cuanto al uso de la gorra, tenía la finalidad de ahorrar a los programadores laboriosas secuencias de animación para el pelo del protagonista.
Desde entonces hemos podido ver a Jumpman en varias secuelas, todas ellas de gran éxito.
Pero fue con el lanzamiento de Super Mario Bros cuando alcanzó el estrellato y se convirtió en una leyenda.
Para ello, se rebautizó al personaje con el nombre de Mario, debido al gran parecido existente con el dueño de los almacenes de Nintendo en Estados Unidos, conocido como Mario Segalli.
Y éste no fue el único cambio que se produjo, ya que también cambió de oficio, después de que uno de los compañeros de Miyamoto le confesase que el personaje en cuestión tenía más parecido con un fontanero que con un carpintero.
Y así fue el origen de todo un mito que se ha labrado una reputación de vital importancia en el sector gracias a la influencia que han ejercido los títulos en los que ha participado sobre el resto de la comunidad de jugadores, y el destacado nivel técnico de cada uno de ellos.
Y es que como bien dice Miyamoto, considerado el Spielberg de los videojuegos, “me gusta crear tendencias, no seguirlas“.
Todo un ejemplo a seguir.
.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Xtremeretro

About Xtremeretro

X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.