NIDHOGG

Nidgogg Indie Game Pixel Art Xtreme Retro

A nosotros, que de multijugador lo justo, nos pone un poco tensos la tendencia actual de la industria de fundamentarlo todo en buscar amigos y jugar con ellos, como si afrontar un videojuego como una actividad de ocio unidireccional fuera una aberración.

Claro que, si estuviéramos a la última, no nos encontraríamos escribiendo para esta página web precisamente, ¿verdad?.

Pero ni siquiera para nosotros, vetustos veteranos de las mecánicas de antaño, el multijugador es una experiencia absolutamente extraña.

Todos, por muy hijos únicos o margis gafotas que hayamos sido, hemos experimentado un Double Dragon a pachas, unas Tortugas Ninja con los colegas, o sufrido a un imbécil diciendo “¿te la paso, te la paso?” mientras te da collejas, que es un poco el cooperativo en diferido de la cultura Retro.

A eso apunta el sensacional Nidhogg, que tiene modo para un jugador pero está concebido para ser disfrutado en glorioso multi local con un solo teclado, el paraíso de las bocas sucias como alcantarillas, el síndrome de Tourette disparado por una pantalla de Game Over, los codazos inconvenientes y las amistades arruinadas/reforzadas por los siglos de los siglos.

Nidhogg tiene un control sencillísimo: teclas de cursor para movimiento, una tecla de salto y otra de ataque, más una extra para lanzar la espada.

El cursor coloca también la espada en tres alturas, y esas tres alturas sirven para proteger y atacar.

Y ya.

Nidhogg Waterfall Pixel Xtreme Retro

Los jugadores se enfrentan en escenarios de los que tienen que ir saliendo según vencen, hasta que llegan a uno de los dos extremos y son devorados por un gusano gigante – si enunciado suena épico, espera a verlo -.

Unos movimientos extremadamente realistas, al estilo de las animaciones mechnerianas de Karateka o Prince of Persia se dan de la mano con una mecánica sencillísima pero que puede tener a dos jugadores enfrascados en un solo duelo, si son lo suficientemente habilidosos, durante minutos y minutos.

Nidhogg es una reivindicación de las mecánicas sencillas como enfrentamiento directo e inmediato: el modo para un jugador, solventable en unos breves minutos, sirve como práctica para el auténtico núcleo del juego, que es abrir dos cervezas y sentar a un colega para soportar una avalancha de exabruptos.

Por eso la mayoría de los escenarios son accesibles sólo en el multijugador local – el online es desastroso, pues el lag hace injugables las partidas -.

Y por eso la mecánica es sencilla, directa y precisa, e infinita.

Nidhogg se explica en dos minutos pero se disfruta durante semanas.

Quizás la carencia de escenarios y lo relativamente limitado de su desarrollo te haga esperar con un suspiro por un DLC preñado de escenarios o una prolongación en formato aventura.

Mientras tanto, cabalga esta joya en compañía de un amigo.

Y un consejo: si pierdes la espada y te debes enfrentar a él con las manos desnudas, toma aire y suelta un alarido.

No hay competitivo local que no mejore con eso.

Suma unos escenarios casi incomprensibles para ambientar una lucha épica, y ya podéis estar practicando esgrima hasta echar la pota.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.