NINJA COP

De vez en cuando surge un título que no podría parecer más tópico pero que, sin embargo, consigue sorprendente muy favorablemente.

Es el caso de Ninja Five-O – conocido como Ninja Cop en su Japón natal y en Europa -, donde un ninja llamado Joe trata por todos los medios de mantener la ley.

Y lo que a primera vista parece un anticuado y nostálgico juego de ninjas con desplazamiento lateral, siguiendo la senda de Shadow Dancer o Shinobi, resulta ser una explosión de niveles que se pueden – y deben – explorar, similar a la de Metroid.

Cuenta, además, con enemigos brutalmente rápidos, rehenes, multitud de rincones aparentemente inalcanzables y llaves ocultas.

El gancho de lucha de Ninja Cop lleva un paso más allá el brazo retráctil de Bionic Commando y requiere una inmensa habilidad y tremenda coordinación para su manejo: balancearlo sobre plataformas elevadas y alrededor de ellas, sin enviar a Joe contra una pared de forma descortés, te hace sentir como un héroe.

En definitiva, se trata de un juego de plataformas difícil y estricto, rebosante de acción, que no perdona.

Un shuriken perdido puede matar fácilmente a un rehén vital, y de vez en cuando aparecen otros ninjas que poseen tanta agilidad y talento como Joe.

Por si fuera poco, los enemigos principales – en ocasiones bestias de inconmensurable tamaño, que abarcan toda la pantalla -, por norma general, pueden matarte con apenas dos golpes.

En cualquier caso, Ninja Cop también juega la carta de la nostalgia.

Un jugador con un talento inhumano y sin gusto por la exploración puede completarlo en veinte míseros minutos, pero al igual que sucede con los títulos en que se inspira, resulta muy complejo y se puede volver a jugar suficientes veces como para que el resto lo disfrutemos bastante más tiempo.

Respeta la simplicidad y el atractivo básico de sus fuentes, pero aporta un nuevo brillo creativo a un viejo género, cada vez más trillado.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
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