NINJA GAIDEN II

El dificilísimo hack and slash de Tecmo se volvió más sangriento, variado y accesible durante su incursión genuina en la pasada generación.

En Xtreme Retro somos muy dados a aferrarnos a la máxima “cualquier tiempo pasado fue mejor” en cuanto un remake o una nueva entrega de una saga mítica pasa por nuestras manos.

En la mayoría de los casos acertamos plenamente y de forma totalmente ciega, pero Team Ninja nos volvió a demostrar, al igual que años atrás, que la saga Ninja Gaiden avanzaba en la dirección correcta con cada nueva entrega.

Tomonobu Itagaki y su equipo consiguió crear una secuela más compleja que la entrega para Xbox y PS3, más allá del hack and slash puro y duro, ofreciendo al mismo tiempo un mayor nivel de accesibilidad que en su anterior episodio, debido en gran parte a la inclusión de dos diferentes niveles de dificultad.

Al comienzo del juego, podremos elegir entre el camino del acólito – que, sintetizando varias definiciones, viene a ser algo así como un monaguillo – o el camino del guerrero.

Por un lado, está bien que Team Ninja dé la posibilidad de no caer en una espiral de desesperación al no ser capaces de acabar con un determinado jefe, pero por otro, personalmente, creemos que la diferencia entre los dos niveles de dificultad es demasiado grande.

Podríamos decir que la dificultad del primer Ninja Gaiden está entre los dos niveles de esta entrega… vamos, que el camino del acólito es demasiado fácil – hemos llegado a eliminar varios jefazos a la primera – y el del guerrero resulta demasiado difícil.

NUEVO SISTEMA DE LUCHA

Por difícil que parezca, Ninja Gaiden II es más accesible que la anterior entrega y, además, cuenta con un sistema de control perfeccionado y con no pocas novedades.

Para empezar, el juego va dosificando los enfrentamientos a medida que avanzamos, tratando cada batalla como si fuera un arcade al estilo Dead or Alive – aunque con varios enemigos al mismo tiempo -; a medida que recibimos golpes, bajará nuestra barra de energía – azul – y, poco a poco, subirá por la parte derecha otra barra de energía roja.

Al finalizar el enfrentamiento, nuestra barra de energía subirá de nuevo, hasta llegar al límite rojo: podremos recuperar toda nuestra energía sin usar ítems si somos suficientemente hábiles.

Tal y como se puede apreciar en las pantallas, esta entrega era lo más gore que habíamos jugado en el género desde hacía años – por aquel entonces, creíamos que la fiebre Mortal Kombat había terminado tiempo atrás -, pero el baño de sangre al que nos somete Ninja Gaiden II va mucho más allá de un simple detalle estético – o antiestético, según se mire -.

Dependiendo de nuestro enemigo y nuestra habilidad, el transcurso de una batalla acabará, antes o después, con con un enemigo al que le hemos seccionado varias extremidades.

El juego gana en espectacularidad, ya que el ataque fuerte de Ryu desencadenará sobre dicho enemigo una especie de fatality; por otro lado, tendremos que intentar acabar con estos enemigos cuanto antes, ya que no dudarán en encaramarse a nuestro cuerpo y quitarse la vida con una explosión.

Entre las novedades incluidas en esta entrega, destacaban sin duda el Ninja Cinema, que nos permitía grabar nuestra partida y compartirla a través de Live, y el curioso Filtro Kurosawa, que modifica el engine para que la imagen se asemeje a una película antigua de samurais.

En definitiva, Itagaki y su Team Ninja siguieron evolucionando la saga con un hack and slash old school más accesible, jugable y variado que el primer Ninja Gaiden para Xbox y Sigma para PS3.

Lo que no es decir poco, precisamente.

LOS CREADORES

Team Ninja, en aquel entonces liderado por Tomonobu Itagaki, fue creado como grupo de desarrollo interno de Tecmo para alumbrar el primer Dead or Alive en 1.995, para el sistema arcade Sega Model 2.

Desde entonces, sus títulos son conocidos por la calidad de sus gráficos y por la extrema dedicación que requieren por parte del usuario.

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