NINTENDO Y LOS CASINOS

Si bien es cierto que la llegada de la electrónica al sector del entretenimiento le otorgó a la marca Nintendo una imagen prestigiosa y absolutamente moderna, también lo es que los costes de desarrollo, de montaje y, sobre todo, de mantenimiento alcanzaron cantidades exorbitantes.

Yamauchi y su equipo decidieron jugar en la liga de la alta tecnología, pero no sin dificultades.

Con el fin de maximizar y ampliar su catálogo a todos los tipos de salas de Japón – desde la azotea de los supermercados hasta los parques de atracciones -, en la segunda mitad de los setenta Nintendo decidió producir varios modelos de juegos “mecánicos“.

Hoy no sabemos exactamente cuántas máquinas se fabricaron, ya que los documentos sobre el tema son casi inexistentes y Nintendo no posee ni un solo ejemplar en sus instalaciones.

Pese a ello, es posible acceder a la escasa información disponible, que proporciona el nombre de algunos modelos: Smashmatic – 1.977 -, Fancy Ball – 1.978 – y Dead Line – 1.978 -.

Al mismo tiempo, Nintendo no olvidó sus primeros amores y los juegos de azar.

Pese a que los casinos de apuestas eran objeto de una férrea prohibición, un interés muy marcado por esa cultura del juego se extendía por todo el país.

Los casinos existentes utilizaban solamente fichas que después podían canjearse, no por moneda contante y sonante, sino por diferentes premios.

La empresa de Kioto ofreció a ese tipo de salas lujosas mesas dedicadas a la ruleta, los dados o el blackjack.

La mesa de blackjack se vendía a 450.000 yenes y la de los dados a 750.000, pero el precio del suntuoso mueble de madera maciza para la ruleta alcanzaba los 1,6 millones de yenes.

Por supuesto, las salas también podían adquirir una amplia gama de accesorios, como bolas de marfil, fichas, contadores mecánicos, rastrillos de crupier y un gran número de cartas especializadas.

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