OLD SCHOOL GENERATION, UN BLOG PLURAL, CON UN AUTOR SINGULAR

Hace escasas horas el fecundo autor de Old School Generation me pidió muy amablemente que realizara ciertas gestiones.
Al llegar a su domicilio, tuve esa extraña impresión de que algo había cambiado significativamente en la alegre morada.
Un murmullo creciente traspasaba sus sólidos muros.
Mi sorpresa fue mayúscula cuando una hermosa mujer se dignó a abrirme la puerta, y pude identificar el molesto ruido.
En la sala principal, un numeroso grupo de damas tecleaba con entusiasmo, como si su vida dependiera de ello.
Tristemente, a duras penas se percataron de mi presencia, aunque una de ellas tuvo a bien indicarme que José Andrés se encontraba recluido en sus aposentos.
Sobre un lecho de proporciones bíblicas yacía adormilado mi queridísimo anfitrión.
Intrigado, me apresuré a preguntarle por la existencia de aquella improvisada oficina.
– Estoy escribiendo numerosos artículos para Old School Generation.
Esas fueron sus palabras textuales, acompañadas por un evidente gesto de aburrimiento que no intentó disimular.
– ¿Estás?.
¿Acaso no eres consciente de que los están escribiendo aquellas jóvenes? – repliqué enérgicamente.
– Eso no es del todo cierto.
Yo me limito a poner la firma y el motivo.
Soy, por así decirlo, como su fuente de inspiración, como la naturaleza para el exaltado paisajista; en definitiva, un modelo a seguir, y una referencia sobre la que se construye una prolongada historia.
– Aquello parecía un completo disparate, así que volví a la carga, una vez más.
¿Acaso no te das cuenta de que tus seguidores leerán sus reportajes, y no los tuyos? – concluí.
– Ese es un detalle insignificante que carece de la menor importancia.
Yo no pretendo acaparar toda la gloria mundana.
Dada mi sobrada humildad, me conformo con los derechos de autor, y por eso firmo cada artículo.
Mi ego no necesita ensalzarse con el peso del trabajo que supone redactar semejante obra.
De hecho, soy tan generoso que no me importa compartir mis obligaciones.
Y, ya que los méritos son singulares, dejemos que al menos la obra sea plural.
– Pero…
– Piénsalo fríamente.
Todo esfuerzo como escritor conlleva consigo el riesgo de padecer cansancio, o de que surjan molestos y antiestéticos callos en las manos, y por si fuera poco, de que el desgaste neuronal se acelere.
Es más, el compromiso de actualizar el blog obliga, en no pocas ocasiones, a levantarse antes del mediodía.
Me da grima con sólo pensarlo.
– Y diciendo esto, decidió que le tocaba descansar la otra parte del cuerpo.
Consciente de que mis sugerencias caerían en el olvido, opté por retirarme.
Nuevamente atravesé el inmenso corredor, y aquellas muchachas me castigaron con su prolongada indiferencia, para no perder las buenas costumbres.
Ni una sola advirtió mi marcha.
A decir verdad, no me habría importado en absoluto, pues físicamente no eran ni mucho menos de las peores.
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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.