ONE

Considerar a One como heredero en 32 bits de la saga Contra/Probotector puede parecer pretencioso, pero el hecho es que si así lo fuera, no lo desmerece en absoluto.

Muchos os habréis quedado extrañados, o incluso ofendidos, al leer que yo pueda comparar a esa joya de Konami con este coqueto One, pero el hecho es que hasta el año de su estreno creo y siento que es el juego que más me había hecho revivir la infinita magia de aquel universo.

Y esto se debe a varias razones.

Si recordáis, en el otro tiempo estandarte de Konami en los albores de los 16 bits de Nintendo, basaba su encanto en la mezcla de interminables florituras gráficas con una jugabilidad arrolladora – ¿quién no recuerda los fenomenales jefes finales, o el avión que con un impecable uso del Modo 7 pasaba ante nuestras narices? -.

One, salvando las distancias temporales – no es tan revolucionario como lo fue aquel en su día -, basa su esquema de juego en artificios similares, con una pléyade de efectos gráficos, transparencias y acción constante sin por ello olvidar la jugabilidad.

Así, como en el clásico de Konami, escopetón en ristre deberemos avanzar por un montón de fases eminentemente “plataformescas” hasta llegar a enfrentarnos con el siguiente jefecillo final.

También comparte con Contra la importancia de las armas, que llegarán a ser hasta seis distintas y todas ellas con una contundencia efectista digna de loa – el efecto del lanzallamas es para verlo -.

Eso sí, de las 2D – que tanto echamos de menos algunos – hemos pasado a, como era de esperar, un entorno tridimensional hipersuave que se presenta a través de cámaras fijas – apenas podremos acercar levemente la imagen –, que irán variando la perspectiva al antojo de los programadores y no del jugador – esto para el debe del juego -.

Una dificultad ajustada al milímetro y unas fases variadas – hasta nos subiremos en una nave o un tren – repletas de enemigos y saltos virtualmente imposibles, ponen el colofón a un título que ofrece mucho y que recuerda en intensidad de juego a los arcades de plataformas de toda la vida, y en espectacularidad gráfica y transparencias a lo mejor aparecido hasta la fecha para la consola de Sony.

Las fases son 6 en total, cada una ambientada en diferentes entornos y todas ellas con una longitud más que sobresaliente que asegura horas y horas de diversión.

La mecánica del juego no es otra que aniquilar a cuanto enemigo aparezca en pantalla y, según sean éstos, será recomendable emplear alguna de las armas en lugar de otras para mandarlo a freír espárragos.

De esta manera, cuando el enemigo aparezca semioculto, lo ideal son los misiles teledirigidos, mientras que si lo que queremos es destrozar una roca o una pared que nos corta el paso, una buena bomba térmica evitará que tengamos que impactar un montón de veces contra el objetivo.

Resumiento, One es un shoot’em up de plataformas muy efectista, con acción constante cuyo encanto reside en destrozar todo a nuestro paso.

PARA QUE NOS ENTENDAMOS…

One responde a las ansias de un sector de los aficionados a los videojuegos que anhelaban uno de esos títulos de acción y disparos constantes, en los que la jugabilidad no quedara mermada por un exceso de demostraciones gráficas.

También es increíblemente jugable y, además, goza de una notable apariencia gráfica basada eminentemente en transparencias y en tremendas explosiones.

EL HÉROE DE TURNO

El protagonista del juego, además de mucha mala leche y una dentadura completa, cuenta a su favor con poderosísimas armas.

Dentro de todas las armas seleccionables destaca el lanzallamas, con un sonido y unos efectos gráficos colosales.

ARMA LETAL

Si hay algo por lo que despunta One, como decíamos, es por el colosal arsenal de armas disponibles.

Nada menos que seis variantes, desde un láser hasta un lanzador de bombas térmicas, pasando por misiles teledirigidos o lanzallamas.

También existe la posibilidad de matar a los enemigos a base de tortazos, ejecutando incluso combos de golpes.

Vamos, todo un espectáculo visual.

FUNESTAS EXPLOSIONES

Si elimináis varios enemigos, vuestro contador de “furia” irá aumentando, y cuando vuestro personaje brille podréis hacer estallar una bomba que eliminará a todos los “malos”.

EN SÍNTESIS

Impresionantes efectos de luz, de transparencias y de explosiones ponen el broche de oro en el apartado gráfico.

El entorno 3D se mueve con gran suavidad, variando las perspectivas de juego constantemente… lástima que nosotros no las controlemos.

Y si los constantes efectos sonoros os dejan escuchar las melodías, podréis comprobar que son más que correctas, y que parecen inspiradas en la típica banda sonora de una de las películas de James Bond.

Los efectos de sonido, no obstante, están omnipresentes a lo largo y ancho del juego, eclipsando totalmente la banda sonora, con explosiones y disparos contundentes y voces que te indican qué arma es la que portas en dicho momento.

Por lo demás, acción constante y variedad escénica aseguran diversión por arrobas.

Además, la dificultad está perfectamente ajustada, requiriendo del jugador cierta pericia para superar con éxito las 6 largas fases.

PROS Y CONTRAS

A destacar la acción constante y el poderoso arsenal de armas.

En el lado opuesto de la balanza, conviene recalcar que las perspectivas del juego no se pueden modificar.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.