OUTCAST

Outcast es otro soldado caído en el panteón de los excelentes juegos que pincharon en su lanzamiento.

Esta aventura fallida llevó a la bancarrota a su desarrollador, Appeal, que se quedó sin dinero antes de poder finalizar una segunda parte.

Pero no se trató de un error por pasiva de los aficionados al género; el problema principal de Outcast era interno.

El desarrollador empleó un motor técnicamente brillante, en lugar de confiar en el software de aceleración 3D, que se había mostrado especialmente útil.

El resultado fue el magnífico universo de Adelpha, con sus ondulantes colinas, sus pueblos rebosantes de alienígenas y un visualismo plagado de flecos de luz, destellos, reflejos de agua y muchos efectos más imposibles de conseguir con las tarjetas 3D de la época.

El problema es que se necesitaba un PC nuevo con un procesador Intel de última generación para que la cosa funcionara.

Si no era el caso, no existían garantías.

Y dado que los juegos para PC disponían de varias semanas de prueba en determinados establecimientos, Outcast quedó condenado.

Irónicamente, si se intenta cargar en un PC moderno, se necesitan parches para ralentizarlo; lo cual significa que incluso hoy en día es difícil llegar a disfrutarlo.

El jugador adopta el papel de Cutter Slade, un antiguo Navy-Seal que viaja por un universo paralelo como escolta de tres científicos, para verse inmerso en la guerra civil que tiene lugar entre los Talan, criaturas humanoides con espíritus manifiestos – llamados “esencias” -, que dan vida a sus talentos y a su cultura.

Las ciudades de Outcast rebosan vida, la inteligencia artificial es fantástica para su antigüedad, la flora y la fauna son aceptables, y las armas un portento.

Valió la pena el esfuerzo, tanto para el desarrollador como para aquellos que coleccionaron su creación.

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