OUTRUN (PRIMERA PARTE)

En su novela What Dreams May ComeMás Allá de los Sueños -, Richard Matheson describe el Cielo como un estado de consciencia en el que los sueños y los deseos del fallecido dan forma a un paraíso donde debe permanecer hasta que llegue su reencarnación.

Si este teórico Más Allá, denominado Summerland por algunas religiones, es cierto, cuando la diñe mi paraíso consistirá en una carretera, un Testarossa pixelado y Magical Sound Shower sonando a toda pastilla…

Perdonad el arrebato filosófico-sentimental, pero OutRun es para mi más que una recreativa: es una religión, un estado mental, una obra maestra que ha marcado mi vida al igual que la de miles de personas en todo el mundo.

Todo comenzó en el lejano 1.986, cuando el departamento AM2 de SEGA, con Yu Suzuki a la cabeza, puso en circulación una nueva placa recreativa; un arcade de conducción que explotaría a conciencia la tecnología Super Scaler inaugurada un año antes con Space Harrier.

UN COCHE ROJO EN LOS RECREATIVOS

Son varios los factores que convirtieron a OutRun en un clásico instantáneo.

El más evidente, el espectacular mueble de la versión Deluxe: 350 kg de peso, una pantalla de 25 pulgadas y un motor incorporado que movía “el asiento-coche“, dependiendo de la dirección tomada por el jugador.

SEGA fue una maestra a la hora de diseñar estas Dedicated Machines, con las que justificaban sobradamente el gasto de 100 pesetas por partida, en lugar de los cinco duros que solía costar una partida en otra recreativa.

¿Quién no recuerda los muebles de After Burner o Hang-On?.

Pero la grandeza de OutRun iba más allá de su atractivo mueble.

La clave residía, como sucede con todas las obras maestras, en la perfección de la trinidad gráficos-sonido-jugabilidad.

El uso de la tecnología Super Scaler permitió a AM2 dotar al juego de una profundidad y velocidad inéditas hasta el momento.

Palmeras, casas y carteles publicitarios, desfiladeros y columnas, iban surgiendo ante nuestros ojos, mientras esquivábamos el tráfico a bordo de nuestro Testarossa.

SEGA no contaba con la licencia oficial de Ferrari, lo que casi les lleva a los tribunales; aunque el asunto acabó solucionándose, como lo demuestra la implicación de la escudería del caballito rampante en otras coin-ops de la compañía como Ferrari 355 Challenge y OutRun 2.

En su periplo por carreteras de un único sentido, el protagonista de OutRun no estaba solo: le acompañaba una rubia que se encargaba de abroncarle cada vez que daba un trompo, y que ganaría protagonismo, dos décadas más tarde, en el mencionado OutRun 2; otra maravilla merecedora de un 10 sobre 10.

LA MEJOR BSO DE LA HISTORIA

Si gráficamente OutRun era un regalo para la vista, a nivel sonoro estaba y sigue estando a años luz de todo lo oído en un salón recreativo.

Catalogada por muchos como la mejor banda sonora de todos los tiempos, los cuatro temas compuestos por HiroshiHiroMiyauchi siguen grabados en las meninges de cientos de miles de jugadores de todo el planeta.

Magical Sound Shower, Splash Wave, Passing Breeze y Last Wave siguen enamorando como el primer día, multiplicando el aire festivo de una recreativa en la que lo importante no es llegar el primero a la meta, sino disfrutar del paisaje.

Acunado bajo los compases de Passing Breeze, uno llega a relajarse conduciendo, como en un anuncio de BMW, mientras recorre el irreal universo OutRun, en el que el desierto y las montañas nevadas sólo están a una curva de distancia, y los cielos azules se alternan con interminables atardeceres.

15 ESCENARIOS, UN VIAJE INOLVIDABLE

El cúmulo de genialidades de OutRun no se limita sólo a sus coloristas gráficos y a su memorable banda sonora.

AM2 tuvo la brillante idea de otorgar al jugador la elección de la ruta a seguir.

Los 15 escenarios/circuitos de la coin-op se abren como un árbol, a partir de un mismo origen: Coconut Beach.

A partir de ahí, la decisión es tuya.

Si tiras hacia la izquierda, circularás bajo los arcos de piedra de The Getaway, mientras que el desvío de la derecha conduce a los diabólicos meños gigantes de Devil’s Canyon.

Esta elección de ruta aportó a OutRun una rejugabilidad de la que carecían sus competidores en los salones recreativos.

Podías echar una, tres, diez partidas consecutivas y siempre descubrías circuitos nuevos, mientras luchabas contra un crono implacable que castigaba severamente cualquier descuido.

La mala leche del resto de conductores – desde camiones a clones del Wolkswagen Beetle y el Porsche 911 – y la belleza de los paisajes formaban una combinación peligrosa que siempre tenía el mismo resultado: el Testarossa volando por el aire tras pegarse una colosal hostia.

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