PARAPPA THE RAPPER

Aclamado como una celebridad en tierras japonesas y convertido en todo un icono de la primera PlayStation, era tan solo cuestión de tiempo que el célebre PaRappa llegase a la península ibérica, con una de las mejores traducciones de cuantas se recuerdan de la etapa de 32 bits por añadidura por cortesía de la gente de SCEE, que incluyeron en el dialecto palabras tan coloquiales como “maestro Cebollino“, “patatas bravas“, o “pibita“, por citar tan solo algunos términos.

Una vez aclaradas las bondades de su loable traducción, algo meramente anecdótico en nuestros días pero que allá por el año 1.997 suponía un detalle digno a tener en cuenta, ha llegado el momento de analizar un juego único en su género, obviando a su continuación directa; de calificar, pues, uno de los títulos más incalificables que se puedan concebir.

Basta decir que el compacto se distancia significativamente de todos los géneros conocidos, pues encasillarlo dentro del apartado musical sería una calificación un tanto pobre.

Mucho antes de que los Guitar Hero y demás programas cortados por un mismo patrón irrumpieran en el mercado, PaRappa no se parecía en nada que hubiera sido posible ver o jugar en consola alguna.

Y así, con el ritmo como excusa, llegó finalmente a PlayStation, vía SCEE, uno de los juegos más extravagantes y originales de cuantos han podido verse hasta la fecha.

Simplificando un poco el concepto, el programa pasa por ser una suerte de simulador de rap, bautizado en algunos círculos como 3D Rhythm Action Game, donde el cometido del jugador será imitar los movimientos del maestro de turno.

Para ello será imprescindible fijarse en el margen superior de la pantalla donde harán acto de presencia una serie de botones que, combinados con acierto, formarán una secuencia musical que dará paso a su vez a un rap en toda regla.

Y así, el jugador deberá repetir la secuencia que dicte el maestro en cuestión, o bien realizar su propia lista de movimientos observando los distintos comandos que aparecen en pantalla, complicando aun más si cabe el desarrollo.

Este progreso, que a priori puede parecer simple, requiere de toda la atención y ritmo posible por parte del usuario, pues de no ser así decae la composición y con ella la calificación del jugador.

Muy en la línea de los actuales juegos musicales que vienen acompañados por toda suerte de instrumentos.

Pese a su corta duración, de apenas seis niveles, la vida del compacto se puede prolongar repitiendo las mismas pruebas y aspirando a mejores calificaciones, con el añadido que brinda la opción de que el usuario de forma a su propio rap.

Una verdadera proeza que requerirá de vuestras mejores dotes rítmicas.

A nivel visual el título resulta una delicia, pues combina con cierta maestría los entornos tridimensionales con unos personajes planos en 2D, imitando la estética de los muñecos de papel.

Este detalle fue posible gracias a la fructífera colaboración entre SCEE y Rodney A. Greenblat, un famoso artista ilustrador, aunque lo realmente importante, el pilar sobre el que se sustenta el juego, que no es otro que su prodigiosa banda sonora, fue creada por Masaya Matsuraa.
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Con toda probabilidad el título que nos ocupa está estrechamente ligado a aquellos programas que primero reclaman la atención gracias a su elaborado acabado visual, enganchan por el apartado acústico, y atan definitivamente al usuario a la aventura como consecuencia de su depurada jugabilidad.

RESUMIENDO

Gráficamente, PaRappa The Rapper bien podría considerarse como poseedor de un concepto gráfico realmente revolucionario, con muñecos de papel moviéndose con soltura por entornos tridimensionales.

La comparación más evidente podrían pensar algunos sería el recordado Paper Mario, si bien este juego es anterior, y el espectáculo que muestra en pantalla poco o nada tiene que ver con la creación de Nintendo.

Mejor que los gráficos, no obstante, era su magistral banda sonora, con ritmos funky, reggae, hiphop, y como no podía ser de otra forma, rap.

Y si la música ya era todo un prodigio y derroche de virtudes, mucho mejor lo hacen los cantantes que prestan su voz al juego, dando lugar a un apartado musical realmente competente, que bien podría haberse comercializado por separado cosechando las más altas cifras de ventas.

Por su parte, la jugabilidad es soberbia, aunque queda penalizada por una muy corta duración de la aventura, que tranquilamente se puede completar en una tarde.

Tan solo aquellos que busquen un nivel más cool podrán exprimir las virtudes que atesora el compacto.

Para todos ellos, PaRappa será sinónimo de diversión y adicción.

En definitiva, un grandísimo juego del que es posible presumir, pero lastrado por una irrisoria duración.

Por su parte, SCEE se merece todo un reconocimiento por dar forma a una obra de semejante calibre, y un sonoro aplauso por atreverse a localizarla y distribuirla en en viejo continente europeo, pues este tipo de productos con frecuencia tendían a quedar reservados para los mercados japoneses en aquella época.

Y los usuarios de PlayStation sin duda respondieron.

A destacar, más allá de la sobresaliente banda sonora o el magistral acabado gráfico, una elaborada traducción al castellano.

Aunque a todas luces este tipo de productos precisan de un mayor número de fases.

De haber suplido esta carencia probablemente estaríamos hablando de uno de los juegos más transgresores del catálogo de PlayStation, dotado de una originalidad con la que muy pocos podían competir.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.