PARIS-DAKAR RALLY

La idea que tuvieron los programadores de Acclaim a la hora de realizar este juego de velocidad para PlayStation 2 y PC no es que sea novedosa, pero hasta entonces no había podido llevarse a la práctica con el grado de realismo que pretendía este Paris-Dakar.

El objetivo era, como de costumbre, trasladar toda la emoción y el sentido aventurero de esta mítica prueba a los circuitos de la 128 bits de Sony, metiéndonos en una competición donde es tan importante preocuparse por correr como ser capaz de orientarse dentro de los más salvajes desiertos.

Además, también resulta vital procurar no romper el vehículo; algo que será bastante habitual si no pilotas con sumo cuidado.

Disponemos de un total de 24 vehículos para jugar en cuatro categorías distintas: 4×4, motos, buggies y quads.

Al principio tan sólo podremos seleccionar uno de cada categoría, pero a medida que avancemos en el campeonato, iremos descubriendo el resto.

Por descontado, cada uno tiene unas características bastante diferenciadas a la hora de pilotarlos, tanto en lo que atañe a su respuesta a las órdenes del pad, como en lo relativo a su resistencia o la velocidad que alcanzan.

Pero lo más interesante del conjunto, más allá de su atractivo planteamiento, es la fidelidad con la que reproduce la manera en que se desarrolla esta legendaria carrera.

Aunque hay un modo Arcade y un Time Attack, el modo principal es el de Campaña, donde iremos recorriendo distintos tramos cronometrados en diversas localizaciones – Níger, Libia, Egipto, Senegal, etcétera -.

El sinuoso trazado de los circuitos apenas está marcado sobre el suelo, y como además el terreno está lleno de todo tipo de peligros – rocas, baches, matorrales y hasta animales -, a menudo tendremos aparatosos accidentes, que harán que los vehículos sufran todo tipo de daños en la carrocería.

También será común salirnos del camino y acabar medio desorientados entre la maleza, momento en el que nos veremos obligados a apretar el botón de ayuda para que la organización venga en nuestro rescate y nos devuelva al camino correcto.

El resultado es una competición diferente, donde hay que olvidarse un poco de los rivales y de tomar las curvas, para concentrarnos en llegar lo antes posible, y como buenamente podamos, a la ansiada meta.

Hasta aquí las buenas noticias porque, lamentablemente, el esfuerzo por reflejar con todo el realismo posible la dureza de esta competición hace que la jugabilidad se resienta, pues los vehículos reaccionan con una sensibilidad desmedida y a menudo resulta difícil manenerlos en carrera dada su exagerada tendencia a sufrir accidentes.

Y como los caminos son terriblemente accidentados, nos tiramos media competición dando vueltas de campana, rompiendo los vehículos y perdiendo un tiempo valioso en arreglarlos.

Para colmo, casi nunca encontramos rivales, como en la carrera real, lo que añade monotonía al asunto.

En eso consiste precisamente el realismo del juego, pero el caso es que Paris-Dakar se ha preocupado tanto de reproducir la dureza de la carrera, que le resta diversión al conjunto.

Y ese es un hándicap difícil de superar.

Sumadle que tampoco hay modos multijugador.

EN SÍNTESIS

A nivel visual cuenta con una buena ambientación, escenarios bonitos aunque repetitivos – claro que, estando en el desierto… -.

Los vehículos están correctamente diseñados, y el único problema es que a menudo da la sensación de que pasamos siempre por el mismo sitio.

En lo sonoro, las pocas melodías de estilo árabe están francamente bien, aunque tampoco le pegan mucho a un juego de velocidad.

Los efectos, por su parte, cumplen.

Y aunque el control es aparentemente sencillo – recuerda al manejo de los coches de Sega Rally 2 -, el coche tiene un comportamiento exagerado y resulta casi inevitable sufrir un accidente tras otro.

Por lo demás, ofrece opciones y circuitos suficientes para cumplir su objetivo, pero los problemas jugables hacen que sea complicado acceder a ellos.

Además, la ausencia de rivales en carrera, aunque realista, tampoco ayuda mucho.

Pese a ello, como decíamos, el juego presenta buenas credenciales, su acabado técnico es notable y su fidelidad a la competición encomiable.

Pero su discutible desarrollo y el exagerado comportamiento de los coches arruinan su jugabilidad.

Lástima.

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