PICASSIO

Aunque el proyecto jamás llegó a buen puerto, los datos sobre el juego de Promethean Designs eran de lo más esperanzadores.

Se titulaba Picassio, y podía adscribirse al género de moda por aquel entonces, que los anglosajones ya habían bautizado como snake’em -up – o juego de sigilo – al estilo Metal Gear Solid.

Tan artístico título tenía su lógica, ya que nos proponía asumir el rol de Picassio, un ladrón a sueldo especializado en obras de arte.

Como ladrones de guante blanco deberíamos cumplir doce misiones, consistentes en obtener con sutileza – nada de utilizar el método garrulo del butrón – los correspondientes objetos de coleccionista.

Es decir, lo mismo que se veía obligado a hacer Bruce Willis en aquella película inclasificable llamada El Gran Halcón.

Para cumplir dichos objetivos habría que ser muy sigilosos y utilizar con criterio ciertos gadgets como trampas, pistolas de dardos adormecedores, cloroformo o cámaras.

Así, por ejemplo, podríamos colocar una trampa y una cámara escondida en una misma habitación, desplazarnos posteriormente a otro lugar y controlar desde allí la efectividad de la trampa con dicha cámara.

Uno de los principales alicientes radicaba en la serie de opciones multijugador previstas, pudiendo disfrutar con los modos Head to HeadCara a cara -, Team-Based PlayJuego en equipo – y Capture the ArtCaptura el arte, una variación de Captura la bandera para que nos entendamos -.

Nos quedamos sin ellas, aunque eso no nos impidió ir practicando el noble arte del afaneo en la redacción.

Por cierto, ¿quién me ha robado el bocata de Nocilla?.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.