PINOCCHIO

Inspirado en uno de los clásicos atemporales más aplaudidos de la factoría de sueños Disney, Pinocchio es con toda probabilidad uno de aquellos títulos que tienen el éxito asegurado, aunque tan sólo sea debido a la gloria heredada del cuento original.
Tal como ya sucedió en los 16 bits de Nintendo, Virgin fue la compañía encargada de trasladar a Mega Drive esta añorada historia de la literatura universal, que por derecho propio ya forma parte de nuestra más tierna infancia.
Y es que los juegos basados en las películas Disney siempre han tenido un público garantizado, pasando desde los pequeños querubines del hogar hasta los usuarios más talluditos.
No en vano, su inmortal elenco de personajes, a cual más carismático y entrañable, no se merece un trato menor.
Aunque mal nos pese en esta ocasión no nos encontramos frente a una producción puntera, sino más bien ante un programa standard, diseñado específicamente para los aficionados de temprana edad.
Si bien es justo reconocer que gráficamente resulta una delicia, tal como venía siendo habitual en la mayoría de juegos Disney; con un acabado casi tan brillante como el visto en la gran pantalla, y unas animaciones realmente espectaculares, que a su vez contrastan con el resto de decorados disponibles – y que, dicho sea de paso, lucen mejor en la entrega de Super Nintendo, pues están dotados de mayor claridad -.
Aquellos que disfrutaron en su día con la banda sonora del film reconocerán aquí algunas melodías del calibre de When you wish upon a star, versionada para la ocasión por el mismísimo Allister Brimble, un músico informático de probado talento y prestigio a nivel europeo.
Con todo, el resto de composiciones musicales se limitan a ser meramente correctas, y los efectos sonoros no destacan por nada en especial, salvo por alguna digitalización aislada que salva de la quema a un apartado irregular.
Pese a sus incontables virtudes gráficas, la gran carencia de Pinocchio se centra en su irrisoria duración y longitud, puesto que resulta posible concluir el periplo en apenas veinte escasos minutos; todo ello sumado a su dudosa dificultad.
Aclarado este punto, sería conveniente recomendar el juego a aquellos usuarios menores de diez años, que a la postre serán quienes mejor sabrán exprimirlo en toda su plenitud, o bien a los coleccionistas del género.

Un título, en definitiva, exento de la espectacularidad que caracterizaba a las grandes creaciones de la compañía, y destinado a un público claramente infantil.
No obstante, nunca está de más recordar viejos tiempos, y por ello os invito a redescubrir esta añeja aventura desde el siguiente ENLACE.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.