PLAGIOS SANGRANTES POR DOQUIER

Luigi Wario Pixel Art Nintendo Xtreme Retro

En ocasiones me pregunto cómo hemos podido llegar a esto, en una industria donde abundan las compañías que, con su continuo goteo de lanzamientos, se rien poco más o menos en la cara del consumidor.

Unos lanzamientos, dicho sea de paso, en los que la inspiración y las buenas intenciones les han cedido el terreno a la burda imitación, no exenta de cierto descaro, y al lamentable hurto de ideas.

Infeliz de mi, no tardé en hallar la respuesta.

Muchos de los aficionados actuales no se escandalizan por encontrar representado, casi al milímetro, cada píxel que ya estaba presente en otros juegos, y se ha visto repetido hasta la náusea.

Y así han comenzado a proliferar los títulos clónicos, cuya mayor virtud no es otra que la semejanza con los originales.

Ya lo dice el popular refranero español: el plagio es el mayor de los piropos.

Una muestra de alabanza, respeto y admiración a partes iguales.

Pero, a tenor de lo visto, no pocas empresas desarrolladoras tienen muchos, muchísimos ídolos, no vaya a ser que se arriesguen y fracasen con sus previsiones comerciales.

Mal nos pese, como el diseño de los videojuegos difícilmente puede protegerse mediante copyright, el abordaje está servido.

Un recurso fácil.

O no tan fácil, pues se presta abiertamente a mutilar toda suerte de prestigiosas creaciones, tales como Sonic, Mario, Legend of Zelda y un larguísimo etcétera.

Aunque, para ser justos, es preciso reconocer que al menos si tienen el buen gusto de decantarse por lo más distinguido y comercial de cada saga.

Y es que aquí nadie se libra de la incesante búsqueda de juegos galardonados con buenas críticas y mejores ventas.

Algo posible gracias a una ambición carente de límites, escasa vergüenza y un elevado presupuesto, que les permite reproducir sin compasión cualquier tipo de géneros o productos.

De este modo podemos disfrutar de un amplio repertorio de programas de nula originalidad; pero eso si, con un apartado técnico realmente depurado.

Faltaría más.

Llegados a este punto, alguien podría argumentar que el número de ideas peca, en el mejor de los casos, de limitado, y tan sólo algunas se pueden aplicar a determinados conceptos o mecánicas de juego, pues los productos innovadores se pueden contar con los dedos de una mano.

Y nos sobrarían dedos.

Pero incluso los creadores de aquellos juegos fallidos, y que han pretendido cierta originalidad, han tenido la decencia de aportar algo – por poco que fuera – a la causa.

Y al menos podrán regresar a su hogar con la conciencia tranquila y la satisfacción del deber cumplido, en lugar de regocijarse en exaltadas cuentas bancarias que, por derecho, no les pertenecen a ellos, sino a los autores de la propiedad intelectual que han dilapidado sin escrúpulos.

Al final, tal como sucede con las restantes industrias, sólo unos pocos elegidos podrán alzarse hacia la siempre bien recibida innovación, mientras que las demás compañías deberán adaptarse en la medida de sus posibilidades para sobrellevar su mediocridad.

Numerosos programadores lo han visto claro, y al grueso de los aficionados parece no importarles excesivamente que algunos individuos inviertan sus esfuerzos en recurrir al plagio, siempre y cuando sus obras vengan precedidas por un acabado de notable calidad.

Por ello conviene recordar que siempre podemos elegir, en lugar de seguir al rebaño.

Apostar por ideas sugerentes y arriesgadas que actualmente proliferan en el mercado indie.

Resulta evidente que, mientras el niño llore, habrá que darle de mamar.

Aún así, otro modelo de negocio es posible, y está en vuestras – nuestras en realidad – manos apostar por él.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.