PRIZE FIGHTER

Digital Pictures fue una compañía que se volcó de pleno con el desarrollo de una gran cantidad de títulos para el soporte del Mega CD.

Uno de ellos fue el popular Prize Fighter, un simulador de boxeo que os dejará, literalmente, K.O., ya sea por su acabado gráfico o por su excelente calidad de sonido FX.

Y es que, para bien o para mal, con el lanzamiento de la maltrecha plataforma de SEGA se produjo un cambio significativo en la producción de videojuegos.

Las posibilidades que brindaba el soporte del CDRom permitió a los desarrolladores idear una serie de títulos que bien podrían denominarse como películas interactivas.

En cualquier caso, la combinación de un largometraje con un programa deportivo se antoja, a priori, arriesgada, pues precisa de grandes dosis de talento por parte de los creadores para conseguir plasmar un espectáculo fiel a la realidad, que a la postre sea divertido.

Desde la aparición de las primeras consolas y ordenadores de uso doméstico, han sido numerosos los juegos que han tratado de abordar el género del boxeo, si bien es justo reconocer que ninguno consiguió una representación tan espectacular como la que fue posible con Prize Fighter.

Para ser francos, el programa no destila brillantez ni genialidad, aunque las imágenes digitalizadas – realizadas mediante las correspondientes grabaciones de vídeo – si le otorgan un grado de realismo que hubiera sido del todo impensable en otra máquina que no fuera el Mega CD.

Por fortuna, los efectos de sonido si se han resuelto con cierta maestría, lo que contribuye a incrementar la riqueza de los combates de un modo ejemplar.

Pero esto no consigue disimular uno de los principales problemas de los que adolece el juego: el diminuto tamaño de la pantalla donde tiene lugar la acción, es decir, que el campo de visión resulta minúsculo; hasta el punto de que no llega a ocupar ni una cuarta parte de la pantalla.

Este aspecto negativo se ve ensalzado por las caras de los púgiles, así como por los marcadores de energía, que a todas luces son impropios de un soporte de las capacidades intrínsecas del Mega CD.

Basta con decir que en el mítico Spectrum era posible ver un acabado mejor que este.

Respecto al sistema de juego, el personaje elegido podrá zafarse, cubrirse, y efectuar demoledores y contundentes golpes.

No obstante, los ataques pecan de escasos y faltos de variedad.

De modo que será posible lanzar los denominados uppercut, golpes bajos en ambas direcciones – derecha o izquierda – y ejecutar ganchos, siendo estas las únicas vías para defenderse del contrincante.

En definitiva, un desarrollo que peca de simplista, parco de opciones, y ofrece cierta monotonía.

Por lo que podéis esperar un apartado gráfico solvente, pero por contra falto de color y de reducidas dimensiones.

Compensa esta carencia un acabado sonoro para los distintos golpes sublime, aunque acompañado por unas músicas que se limitan a ser correctas; además de un personaje parco en movimientos, una curva de aprendizaje mal trazada, en parte debido a su elevada dificultad, y un interés bajo en términos generales por el programa.

Desde luego, no es la mejor carta de presentación para un título de estas características, aunque si sois unos apasionados de este deporte, conseguirá atraparos y ofreceros no pocas alegrías.

RESUMIENDO

En la primera toma de contacto, Prize Fighter consigue sorprender con holgura gracias a su innovador sistema de juego y a sus conseguidos gráficos, para que poco después su altísima dificultad y un desarrollo tedioso y repetitivo den al traste con muchas de las expectativas que se hubieran podido verter sobre el programa.

Transmite esa triste sensación de un juego que pudo llegar a codearse entre los más grandes, y se quedó en un mero intento fallido.

A destacar el original sistema de representación de los combates, así como los cuantiosos efectos de sonido, que quedan deslucidos por un campo de visión irrisorio, unos paupérrimos marcadores de vida, y un repertorio de golpes muy discreto.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.