PROLIFERAN LOS CLONES

Shadow the Hedgehog Felix the Cat Pixel Art Green Hill Zone

Para un servidor, esta dista mucho de ser la mejor de las semanas.

Y ayer tampoco fue la mejor de las noches.

Ni siquiera tenía entre manos el mejor de los videojuegos, aunque para ser justos, tampoco yo soy el mejor de los jugadores.

Sea como fuere, las cuatro de la madrugada de un sábado no es, ni de lejos, la mejor de las horas para estar jugando.

Casi todo el mundo duerme plácidamente, o bien se entretiene con otros menesteres, quizá, más recomendables.

Pero, mientras unos reponen fuerzas – o las derrochan – para enfrentarse a otra jornada, a fin de realizar tal o cual propósito con sus vidas, el arriba firmante, un yonki que no se droga y adicto a nada por añadidura, juega.

Y así, exprimo alguna vieja gloria, e invoco al achacoso demonio de un sistema obsoleto con la firme intención de reclamarle un rato de diversión.

Pero, ya se sabe, los demonios, cuanto más viejos, más cabrones.

La funesta sensación va cobrando forma con The Warriors, un glorioso beat’em up cuya sobriedad me golpea con fuerza.

Mi ortopédico macarra recorre los mismos edificios callejón tras callejón; en su mayoría construcciones de color grisáceo y contraste apagado, cruzándose con transeuntes igualmente calcados, en una noche eterna que ya quisieran para sí los señores de Castlevania.

Mal asunto.

Llegados a este punto, me decido a sacar el disco y retomar otro juego de culto.

GTA San Andreas.

Misma fórmula, más esteroides.

Palizas indiscriminadas en soleadas playas, accidentadas carreras y combinaciones imposibles, que incluyen tanques sobre azoteas, sierras, paracaídas, y otras barbaridades de diversa índole.

Tal como diría mi apreciado amigo DarthKafka, el efecto de GTA bien podría equipararse al de un tanga.

Para que nos entendamos, una chuleria que siempre se recibe con cierta ilusión.

Y sin mediar palabra llega el horror, representado para la ocasión por un motel de pesadilla.

Largos pasillos de aspecto idéntico y paredes lisas, ensalzados por texturas clonadas y un vacío omnipresente.

Tras un pasillo llega otro igual, y otro, y otro más.

Las habitaciones, situadas a ambos lados, están decoradas por un televisor, una cama, y finalmente una bañera.

Pero siempre, faltaría más, el mismo televisor, la misma cama, y, como no podía ser de otro modo, la misma bañera.

Sin nada más que hacer allí, pierdo la noción de las dimensiones.

Todo lo que tengo delante resulta idéntico a lo que he dejado atrás.

Vacío mi cargador, pues necesito llenar este silencio sepulcral, tan sólo interrumpido por mis propios pasos, con algo; aunque sea mediante un contundente ruído.

Pero soy consciente de su inutilidad.

Difícilmente podré escapar del demonio de las carencias gráficas perdido entre pasillos clónados.

Tercer juego en discordia: Scarface.

Así pretendo vencer a mi demonio personal en esta madrugada, con sudor y, perdonen el improperio, pelotas cubanas.

Conduzco alegremente por la acera y propino un par de puñetazos mortales de necesidad.

Esto funciona.

Mi testosterona me empuja hacia el interior de una discoteca virtual.

Y de nuevo cunde el pánico.

En la pista hay diez mujeres.

Por si alguien todavía lo dudaba, todas ellas exactas.

Y bailan con otros diez hombres de complexión equivalente, que agitan sus toscos polígonos en ciclos espasmódicos.

Mal me pese, proliferan los clones.

Recuerdo títulos memorables del calibre de Streets of Rage o similares, con hordas de enemigos homogéneos provistos de nombres ridículos.

Pero esto es mucho peor, pues intenta desesperadamente asemejarse a la realidad.

Salgo corriendo.

Grita Scarface, o quizás grito yo.

¿Qué ruído produce un árbol al caer en medio del bosque si no hay nadie para escucharlo?.

¿Continuarán multiplicándose los clones tras apagar la consola?.

Desde entonces, a duras penas consigo conciliar el sueño.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
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