¿QUÉ PASA CON LA RETROCOMPATIBILIDAD?

Las compañías juegan con nuestra visión idílica del pasado ofreciendo remakes o remasters, pero… ¿qué pasa con la retrocompatibilidad?.

Crash Bandicoot ha sido el último en sumarse a una largúisima lista de remakes en PS4.

Lo mismo se puede decir de las remasterizaciones, como otra que también ha llegado recientemente, Final Fantasy XII.

Haciendo un rápido repaso mental, y seguro que hay más, me salen más de 60 remasters y remakes en PS4.

Por supuesto, en el horizonte se avecinan muchos más, como el recientemente anunciado Shadow of the Colossus o el largamente añorado Resident Evil 2, por citar tan sólo algunos ejemplos.

Sé que las diferencias entre una remasterización y un remake son más que notables y que el resultado puede ser muy satisfactorio dependiendo del buen hacer del estudio encargado y, en mi opinión, del tiempo que haya pasado desde que el juego original vio la luz.

Crash Bandicoot N. Sane Trilogy es un buen ejemplo de esto mismo.

Han pasado más de 20 años desde que disfrutamos de la primera entrega y el remake está muy bien hecho.

Los más talluditos del lugar recordarán con mucho cariño aquellas aventuras y seguro que disfrutan de este remake.

Sin embargo, el lavado de cara, o eso es lo que nos suele vender el marketing de las compañías desarrolladoras en estos casos, dicta que los nuevos gráficos se ofrecen para conseguir atraer a una nueva audiencia que no los pudo disfrutar en su día.

Pero, ¿realmente un juego desfasado en sus mecánicas puede atraer a las nuevas generaciones?.

Difícilmente.

Si centramos nuestra atención en Crash, sigue siendo un gran juego, pero, ¿qué recién llegado a este peculiar mundillo preferiría un plataformas como N. Sane Trilogy cuando hay joyas más actuales como Fez, Rayman Legends, Guacamelee! o Shovel Knight?.

Y eso que no estoy citando a juegos de Nintendo o el memorable Ori and the Blind Forest, que si no…

Qué narices, no tengo que irme tan lejos.

El ejemplo lo tenemos en casa y es muy reciente: Ratchet & Clank.

Una gran lección de cómo hacer un remake adaptando las mecánicas y el control para que se ajuste a los tiempos que corren.

No sólo mejoran los gráficos, también la jugabilidad.

Es lo que Square pretende con FF VII y a algunos les parece fatal.

No es mi caso, aunque les puede salir muy mal la jugada.

Un remake debería ser eso, una oportunidad para mejorar todo lo posible un título.

Si quieres que todo se quede intacto, mejor juega al original.

Pero la nostalgia puede mucho y siempre que un juego nos cala profundamente, su recuerdo se queda grabado a fuego y magnificado en nuestra memoria.

No hace falta que el título en cuestión sea una verdadera joya.

Basta con que, por razones sentimentales, porque fue nuestro primer juego de un determinado género, el juego que estrenaba nuestra consola favorita, etcétera, el cerebro asocie ese juego a recuerdos positivos.

Sólo con eso, ya tenemos pie y medio en la tienda para comprar un remake o remasterización.

Por eso, las compañías juegan con nuestra visión idílica del pasado, pero… ¿qué pasa con la retrocompatibilidad?.

No sería todo mucho más fácil si pudiese poner mis juegos antiguos en una consola como PS4?.

Por supuesto, pero entonces no pasaría dos veces por caja para jugar a lo mismo, ¿verdad?.

El catálogo de PS4 es envidiable, y desde aquí mis aplausos, pero la política de Sony con la retrocompatibilidad es un sacacuartos en toda regla.

El tema alcanza cotas humorísticas cuando oímos decir a Shuhei Yoshida, presidente de Sony Studios, que no descartan crear nuevos remasters y remakes, porque, según él, los desarrolladores se lo pasan pipa haciéndolos.

Sí, claro, seguro que prefieren ponerle nuevos gráficos a un juego que crear algo propio y original.

Seguro.

Cuando, además, Sony se permite el lujo de criticar a la competencia diciendo que, “en realidad, la gente no usa la retrocompatibilidad” y que es lógico porque “¿quién querría jugar a esto?” refiriéndose a las primeras entregas de la saga Gran Turismo en PSOne, PS2… la cosa llega al surrealismo.

Entonces, deduzco que lo que importan son los gráficos, ¿no?.

Porque, ¿quién querría jugar a los primeros Crash Bandicoot si no tuviesen gráficos actuales?.

Pues eso, a seguir comprando remakes.

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