RAGE RACER

El imperio de Namco tenía en la saga Ridge Racer a su máximo exponente dentro del género de la velocidad.

Con la tercera entrega volvió a demostrar que no se limitaban a cumplir con el expediente, sino que juego a juego fueron incluyendo jugosas novedades para que el espíritu “racer” perdurase año tras año.

Y por increíble que parezca, Rage Racer fue la mejor de las tres entregas del mito automovilístico de Namco.

Porsche Challenge, V-Rally, Rally Cross, Need for Speed II… No cabe la menor duda de que el género de la conducción es el que contaba con mejores juegos en PlayStation.

Rage Racer, la tercera entrega de Namco después del inolvidable Ridge Racer y el magistral Ridge Racer Revolution, vino con las alforjas lo suficientemente rebosantes de calidad como para colocar a todos en su sitio; y es que hasta el momento ningún juego, por muy rimbombante que fuera su nombre, había podido igualar la sensación de aplomo de los coches, de velocidad en las curvas, de intensidad en las carreras o de equilibrio en el resto de aspectos del título.

Jugar a Rage Racer es estar dispuesto a enfrascarse en una lucha constante contra uno mismo, con la dificultad tan ajustada que avanzar en la partida es un factor directamente proporcional al grado de virtuosismo que sólo con horas de juego podemos llegar a alcanzar.

Pero si hay algo que distingue a este Rage Racer de sus ilustres padres es, sin duda, el concepto de juego, que hace que el poder contar con nuevos coches, algunos de ellos imprescindibles para superar determinados niveles, dependa única y exclusivamente de nuestra pericia y del tiempo que dediquemos a ganar premios.

La mecánica es simple.

El juego se divide en seis diferentes categorías, a las que se accede de una forma progresiva según vayamos superando cada una de ellas.

Para ello deberemos finalizar en alguna de las tres primeras posiciones cada uno de los circuitos que componen cada clase.

Los circuitos son siempre los mismos, siendo únicamente la velocidad y la “garra” de los contrincantes lo que va en aumento según avancemos en el juego.

Se sigue manteniendo el esquema de un solo circuito y tres diferentes trazados, pero sin embargo, a partir de la tercera categoría, se añadirá uno diferente, el Extreme Oval, que al más puro estilo Indianapolis consiste en dar vueltas a un circuito elipsoidal pudiendo ir siempre “gas a fondo”.

Con claras influencias de Penny Racers, en Rage Racer también podemos ir comprando motores nuevos a nuestros vehículos, e incluso diseñar el logotipo del Team y pintar la carrocería a nuestro antojo.

Tampoco se olvidaron de incluir sorpresas, como el Mirror Mode, al que accederéis una vez finalizadas todas las categorías del juego.

Rage Racer supo mantener vivo el espíritu de sus predecesores, incluyendo efectistas novedades pero conservando intacta la esencia de la gloriosa saga.

EN SÍNTESIS

El engine 3D ha sido mejorado notablemente respecto a sus antecesores.

El entorno de los circuitos también es mucho más atractivo, y el diseño magistral.

En lo sonoro, siguen resonando con fuerza las estridentes melodías marca de la casa, y los sonidos se mantienen prácticamente invariables desde el primer Ridge Racer.

Al igual que en la segunda parte, sólo se han incluido nuevos comentarios y voces.

Por último, conviene recalcar que, de los tres, es el más divertido.

Y el poder ir mejorando el coche según ganamos carreras, al más puro estilo Penny Racers, sigue siendo genial.

Así pues, si el listón ya lo habían dejado sus predecesores por las nubes, Rage Racer consiguió, gracias a la nueva concepción de juego, superarlo claramente.

Pese a la indiscutible calidad de otros títulos, digamos, más de moda, Rage Racer aún hoy se perfila como una opción fácilmente recomendable en el segmento de los arcades de conducción.

PROS Y CONTRAS

Ir mejorando el coche poco a poco, según vayamos obteniendo premios, es tan atractivo como en el año de su estreno… aunque las clases cinco y seis son demasiado exigentes, mucho más que en la versión japonesa del juego.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.