RASTAN

En el año 1.987 los asiduos a las coinops pudieron disfrutar de un sobresaliente título de la mano de Taito que combinaba con maestría un desarrollo propio de los beatem ups con las mejores plataformas.

No en vano, este fue uno de aquellos juegos que sirvieron para consolidar la hegemonía de la empresa desarrolladora en el campo de los salones arcade, donde cada nueva obra era fruto de deseo y destinataria de las mejores críticas.

En el título que nos ocupa la historia da comienzo cuando un envejecido Rastan, sentado sobre su trono y proclamado rey, nos invita a compartir el relato perteneciente a su vida, de cómo las necesidades le obligaron en los años pasados a verse convertido en un vulgar ladrón y asesino por añadidura, siempre con la única finalidad de sobrevivir, pero cuyas aventuras le encaminaron a ejercer de monarca del reino y de sus gentes.

Y así acompañamos a este aguerrido bárbaro a través de un universo de una belleza inusitada, de una hermosura atronadora, pero que alberga en su interior unos peligros igualmente desmesurados, cuyas criaturas son portadoras de desgracias y de muerte.

Esta particular concepción del mundo, con no pocas referencias a Conan el bárbaro e incluso a las obras de J.R.R. Tolkien, como aquellas majestuosas estatuas de antiguos Reyes que se erigen solemnes sobre el vasto horizonte, obligará al protagonista a dominar con soltura el uso de diversas armas, blandiendo siempre de forma predilecta su espada, indispensable para defendernse de los terribles engendros que le salen al paso y muestran una agresividad fuera de toda duda.


Los numerosos enemigos, ya fueran humanos o bestias, así como las diversas plataformas que era preciso sortear, contribuían a dotar al programa de una dificultad exuberante, tal como era norma en multitud de arcades de la época, debido en gran parte a la poca resistencia de que disponía el personaje central a los ataques enemigos, e incluso a las frecuentes plataformas, donde un error cometido se castigaba con la pena máxima, esto es, la pérdida inevitable de una preciada vida.


Por fortuna, algunas armas secundarias y los siempre efectivos potenciadores facilitaban en gran medida nuestro cometido.

Pero si había un arma que destacaba por encima del resto, esta era sin duda la espada de fuego, cuyos devastadores ataques a larga distancia nos permitían resguardarnos en cierto modo de las agresiones enemigas, con la consabida pérdida de energía que traían consigo.

En cuanto al desarrollo, seguía un mismo orden y patrones establecidos para cada uno de los seis niveles disponibles, que constaban de dos fases de forma individual; la primera de ellas ambientada en mundos exteriores, seguida del correspondiente castillo que conducía al inevitable enfrentamiento final contra el amo y señor de la fortaleza en la que nos encontrábamos.

En lo que respecta al apartado técnico Rastan se muestra como un juego magistral donde los haya, con un acabado visual muy superior a la gran mayoría de arcades disponibles para finales de los ochenta, con una jugabilidad arrolladora y unas melodías capaces de transmitir cierta melancolía, que lo va impregnando todo a su paso y acaba por contagiar al jugador mismo, y todo ello engalanado con tintes épicos y esos pequeños detalles de tecnología punta que distinguían a Atari del resto.

Sirva a modo de ejemplo la posibilidad de ver como durante la primera fase el atardecer va cubriendo con su manto el vasto cielo que puebla el universo de Rastan, y una vez en el interior del correspondiente castillo es posible atisbar desde unos impresionantes ventanales como este proceso sigue su curso, inalterable, ajeno a los incesantes combates, con un cielo salpicado de un color rojizo que pugnará por reclamar vuestra atención, y este es tan solo el principio.


Como casi siempre sucede en estos casos, tras cosechar los mejores resultados y halagos posibles en los salones recreativos, se desarrollaron las consabidas conversiones para una gran cantidad de plataformas domésticas disponibles en la época, que corrieron a cargo de Ocean para la ocasión.

Su buen volumen de ventas animó a Taito a desarrollar dos nuevas entregas, que verían la luz en los años 1.988 y 1.991 respectivamente.


Y así, los usuarios pudieron disfrutar de obras del calibre de Rastan Saga II, que dispuso de una menor aceptación, y finalmente Warrior Blade: Rastan Saga Episode III, un juego soberbio en el que se cambiaba de registro dejando de lado los típicos elementos plataformeros que habían caracterizado a la saga hasta entonces para centrarse en el género de los beatem up, aunque con un desarrollo original y siempre sorprendente, al contrario de lo que suele ocurrir con la mayoría de títulos pertenecientes al género.


Sin embargo, por aquel entonces los beat’em ups ya se habían popularizado y extendido, por lo que el tercer episodio supuso la despedida definitiva de esta prestigiosa saga.

En cualquier caso resulta evidente e innegable el valor del primer título, un clásico imperecedero cuya simple melodía es capaz de evocar los mejores sentimientos a toda una generación de jugadores, y este es un privilegio reservado para muy pocos elegidos, entre los que Rastan ocupa un bien merecido lugar y se desenvuelve con soltura.

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