RECOMENDACIONES ABSOLUTAMENTE IMPRESCINDIBLES

The Legend of Zelda Majoras Mask Nintendo 64 3DS Remake Pixel Art Xtreme Retro

No hace mucho, en una de esas cenas con Juan Pascual que a veces nos sirven a uno u otro, luego, para teclear un artículo que resuelva los respectivos compromisos diarios, comentábamos un hecho pintoresco que suele darse entre los redactores especializados a la hora de hablar de juegos y autores.

Un título o nombre olvidado por completo, al que en su día se hizo caso omiso, incluso programadores despreciados o desconocidos por quienes se dicen árbitros de este singular arte, se ponen de moda con un aniversario, una película o una reedición oportuna.

Entonces, buena parte de aquellos a quienes nunca oíste hablar de tales títulos o programadores emiten alaridos entusiastas, cantando sus excelencias y colocándoles la etiqueta de imprescindibles.

Que, dicho sea de paso, es el adjetivo que ciertos snobs de la tecla, con alborozado entusiasmo de conversos, reservan indefectiblemente para determinados cartuchos de los que no se habían ocupado antes, en su vida.

Además, ellos nunca juegan, sino que rejuegan.

Estoy rejugando – escriben imperturbables – al Kid Chameleon de Mega Drive, un cartucho absolutamente imprescindible“.

Sorprende, por otra parte, que si tanto aprecian a tal o cual programa, nunca hasta hoy le hayan dedicado una línea, y se acuerden de él sólo cuando una edición afortunada, o un agradecido remake, lo ponen en primer plano.

Pero quienes se lo montan de posar como culturillas exquisitos – lo que podría escribir y no quiero, y cosas por el estilo – nunca recomiendan juegos imprescindibles antes de que lo sean, pues sería arriesgarse demasiado.

Comentaba eso con Juan Pascual, como digo, mientras despachábamos sendos filetes empanados.

No solemos hablar de videojuegos últimamente, pues otros asuntos requieren de nuestra atención, pero esa noche íbamos por ahí.

Yo mencioné a cierto autor que me parecía un tanto avinagrado.

No es preciso citar nombres, pues todos conocemos sobrados ejemplos.

El caso es que lo de avinagrado se explica, en parte, debido a su moderado éxito; eso lo malhumoró mucho, hasta el punto de arremeter contra otros autores, como si ellos tuvieran la culpa.

Y así, con el filete empanado a medias, fueron surgiendo otros nombres de probado prestigio referidos a juegos y programadores.

Sea como fuere, e independientemente de lo mucho o poco que me gusten, tiene guasa el asunto.

Leo algunas páginas web de rabiosa actualidad, pobladas de animadores culturales que abrazan al ocio electrónico, y resulta que muchos de aquellos juegos eran imprescindibles, pese a su evidente fracaso comercial.

Eso, casualmente, ahora que proliferan los recopilatorios envueltos en promociones de escándalo.

Podían haberlos promocionado como Dios manda cuando eran juegos recientes, y estaban acumulando polvo en los respectivos comercios, digo yo.

Ayudando a los distintos autores a vender más juegos y tener menos mala leche.

Pasamos luego a hablar de otros títulos que varios caraduras de los que hoy barajan nuestras preferencias ninguneaban o infravaloraban no hace muchas décadas.

Ahí tenemos al legendario Castlevania: Symphony of the Night, por citar algún ejemplo sobradamente conocido.

Juegos, en su mayoría, poco estimados entonces en España, o incluso menospreciados directamente, siendo considerados menores hasta hace cuatro días, con motivo de su modesto apartado gráfico o mecánicas caducas.

Tal fue el caso de Megaman VI para NES, y que, a quienes descubrimos sus bondades a mediados de los noventa, nos causa mucha hilaridad que ahora esté en boca de tantos aficionados.

A los postres puse un ejemplo casual.

Imaginaté, dije, hasta dónde habría podido llegar la fama del excelso Majora’s Mask, un título relativamente desconocido y aún menos disfrutado entre los incondicionales de la saga, si no hubiera estado bajo la sombra del todopoderoso Ocarina of Time.

Apuesto la tecla Ñ a que si mañana se anuncia el esperado remake para 3DS, un centenar de aficionados que no se han preocupado por exprimir el juego en su vida se descolgarán con encendidos elogios.

Para eso está Internet, para documentarse.

Yo, incondicional del Majora’s de siempre.

Voy a explicarles qué tipo de juego es, etcétera.

Y bueno, el ejemplo era casual, como digo.

Pillado por los pelos.

Pero lo cierto es que profeta en este país puede serlo cualquiera.

Varias semanas después de la cena con Juan Pascual, se ha hecho pública la noticia: habrá remake del Majora’s Mask para la flamante portátil de Nintendo.

En el acto, como era de esperar, han llovido columnas y comentarios.

Referidos al juego, naturalmente.

Qué me van a contar a mi, a estas alturas.

Majora’s esto y Majora’s lo otro.

Majora’s Mask y yo, Majorista como soy, desde pequeñito.

Con una palabra – nunca lo habríamos adivinado – repitiéndose en infinidad de artículos: imprescindible.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.