REFLEXIONES SOBRE LA WII

Hace pocos años, todo el mundo estaba fascinado con la Wii.
Tanto es así que incluso en la actualidad son habituales los vídeos de accidentes domésticos originados por mandos voladores, las tiras cómicas de todo tipo y pelaje, y hasta demandas judiciales de lo más variopinto.
Y qué decir de sus accesorios.
Tiene complementos para aburrir, algunos literalmente.

Sin embargo, es necesario hacer una breve reflexión.
La Wii no trata de la consola propiamente dicha, sino de todo lo que sucede a su alrededor.
Sirva a modo de ejemplo el peculiar género de los denominados MMPORG y su discutida proliferación, pues antaño la dificultad de su desarrollo no se apreciaba especialmente en los respectivos juegos, sino en los demás aficionados.
A saber, asesinos indiscriminados de usuarios poco experimentados, imbatibles caballeros o activistas de la guerra de Irak tratando por todos los medios de salir en Wired, por citar tan sólo algunos ejemplos posibles.
Y así, las habituales preocupaciones de no pocos jugadores cambiaron radicalmente por otras mucho más vanales, tales como modificar el estilismo de sus alter ego virtuales.

Con el paso del tiempo, las concurridas reglas de juego se tornaron en algo tedioso, que algunos incluso llegaron a comparar con los diez mandamientos.
A grandes rasgos era como ir al instituto por puro entretenimiento; es decir, algo fallaba estrepitosamente en el planteamiento.
Siguiendo con un razonamiento similar, la Wii bien podría considerarse como un extraño experimento de ingeniería industrial, si bien cuenta a su favor con varios títulos deliciosamente retro.

Sus avatares han sido cuestionados en multitud de ocasiones, aunque su versatilidad queda fuera de toda duda.
No obstante, es justo recalcar que en la mayoría de casos la participación es indispensable, pero la competitividad se antoja nula.
De hecho, tanto o más importante que la participación, resulta la pérdida de dignidad y el ridículo social.

Así pues, permitidme expresarme con mayor claridad.
Retomando el anterior ejemplo del instituto, jugar a la Wii fácilmente podría compararse con alguna de aquellas actividades tan habituales en los patios de colegio, donde el perdedor se ve forzado a provocar cierto tipo de situación humillante frente al resto.
En estos juegos el ganador dista mucho de ser el mejor, sino aquel que consigue librarse de la sanción.

Algo similar ocurre con la Wii en la actualidad, pues perder equivale a jugar mientras el resto de compañeros te contempla y se ríe a tu costa, y en el peor de los casos lo graban para posteriormente subirlo a Youtube.
Y lo más triste del asunto no reside en la maldad implícita que conllevan este tipo de conductas, donde uno se presta gustoso a destrozar su imagen para divertimento de los demás, favoreciendo así su humillación pública.
Lo peor, como iba diciendo, es lo muchísimo que esto nos seduce a todos, ya sea para bien o para mal.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.