REPORTAJE ESPECIAL CASTLEVANIA PARTE 2

Uno de los títulos más valorados dentro de la prestigiosa franquicia es sin lugar a dudas el Super Castlevania IV, que volvía a recuperar al protagonista de la aventura original, Simon Belmont, en una lucha sin tregua contra el temido Conde Drácula.

Lo más destacable de esta nueva entrega, junto con el empleo que se le daba al látigo que hacía las veces de diana improvisada, además de poder realizar nuevos y contundentes movimientos en otras tantas direcciones, era con toda probabilidad el uso magistral del modo 7 de Super Nintendo, que combinado con el original diseño de los niveles y una puesta en escena sublime le sirvió en bandeja el cariño incondicional de los fans.

Y por si todos estos elementos no fueran suficientes, Konami se desmarcó con una banda sonora barroca de puro lujo.

En “el cerebro de la bestia” le siguió el prometedor Castlevania: Vampire‘s Kiss, aunque sin volver a cosechar los mismos éxitos que en el pasado.

A grandes rasgos este juego pasaba por ser una actualización del notable Castlevania: Rondo of Blood de Turbografx, y el hilo argumental volvía a repetirse, de modo que una vez más Drácula raptaba a la novia del protagonista, que acudía presto a su rescate.

Un título, en definitiva, que no dejó indiferente a nadie; ensalzado por unos y criticado hasta la saciedad por otros tantos.

A su favor hay que decir que visualmente es una delicia, con una serie de efectos sobresalientes a todas luces.

Tristemente se simplificó su desarrollo en exceso, así como la gama de acciones de que disponía el protagonista, paupérrima en comparación con el número de combinaciones posibles en el anterior título.

Peor que la carencia de movimientos sin embargo fue la reducción de caminos alternativos, irrisorios en este cartucho.

A modo de curiosidad, sabed que este fue el último Castlevania que adolecía de una dificultad considerable, que se vio diluida en el resto de entregas que le siguieron.

1.994 fue el año en que la franquicia contra todo pronóstico abandonó las consolas de Nintendo para alegría y regocijo de los usuarios de Mega Drive, que clamaban al cielo por una entrega de esta galardonada serie.

Y el intento se saldó con un juegazo en toda regla.

La historia se sitúa en la conflictiva Europa del año 1.914, y permitía elegir entre dos personajes de diferentes atributos para afrontar con garantías la aventura, John Morris, cuyo linaje tenía una estrecha relación con el clan de los Belmont, y por lo tanto empuña el legendario látigo matavampiros; y Eric Lecarde, un español mucho más versátil que su compañero americano y que supone la mejor elección posible, armado con una lanza para la ocasión.

Siguiendo con las curiosidades, Castlevania: Bloodlines, también conocido como Castlevania: The New Generation, presentaba personajes reales de Stocker entre los que es preciso destacar a la condesa Elizabeth Bathory, Dorottya Szentes y Franz Ferdinand.

Existe además un debate abierto en la actualidad referente a Eric Lecarde, pues de forma sutil se deja entrever que éste es el hijo bastardo fruto de la unión entre el mismísimo Alucard y María Renard, si bien es preciso reconocer que Konami no se ha pronunciado al respecto y no parece que vaya a ser esta considerada como la versión oficial ni mucho menos.

La aportación de este cartucho a la saga va mucho más allá de lo que podría pensarse a simple vista, pues entre sus incontables aciertos destaca la soberbia ambientación que lo caracterizaba, en parte gracias a que el inevitable castillo no será el único escenario disponible en el transcurso de la aventura, de modo que ambos protagonistas se verán forzados a adentrarse en el corazón de Europa, cruzando en su tortuoso caminar localizaciones tan variadas como atractivas.

E incluso cada uno de los personajes disponibles podía recorrer distintas rutas bien diferenciadas como consecuencia de sus habilidades desiguales.

Para ser justos, los gráficos resultaron inferiores a las versiones de Super Nintendo.
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