REPORTAJE ESPECIAL CASTLEVANIA PARTE 3

El mundo de los videojuegos ya no volvería a ser el mismo después del año 1.997, fecha en que vio la luz el imperecedero Castlevania: Symphony of the Night.

La fórmula del éxito era la siguiente, un héroe atormentado con una personalidad rica en matices, una jugabilidad que rozaba la excelencia, salpicada con esos tintes de rol que contribuían a enriquecer más el conjunto, y un apartado sonoro sobresaliente.

De este modo el jugador acompaña Adrian Farenheights Tepes, más conocido como Alucard, en su particular periplo para poner fin a los perversos planes de su propio padre, el temido Conde Drácula, en la que ya es una épica batalla sin claros vencedores.

Esta historia sirvió además para aclarecer algunas de las incógnitas que habían dejado sin resolver los anteriores títulos de la serie, e hizo posible ahondanar en el carácter y la importáncia de los Belmont, en la que hasta la fecha venía siendo una família cuyo carisma no se había potenciado en demasía.

Los diseños de la inigualable Ayami Kojima y las composiciones de Michiru Yamane, que explotaban con maestría las posibilidades que ofrecía el formato del CD-Rom, sumados a una jugabilidad sobresaliente en todo momento que tomando como referencia a la franquicia de Metroid recurría al castillo de Drácula como único escenario disponible con centenares de habitaciones intependientes, dieron como resultado una obra maestra atemporal.

Alucard era capaz además de proveerse con nuevo equipamiento y mejorar sus habilidades, que dejaban al descubierto su naturaleza vampírica, ya fuera transformándose en murciélago, lobo, o niebla.

Por último, las posibilidades de customización del personaje principal al que le era posible recurrir a más y mejor armamento e incrementar sus poderes mágicos; de contemplar hasta cuatro finales distintos, y la opción de volver a disfrutar de la aventura con Richter Belmont o María Renard, ésta última tan solo disponible en la versión de Saturn, consiguieron convertir a este prodigioso compacto en un clásico desde el mismo día de su lanzamiento.

Sin embargo, es necesario destacar que en el Castlevania: Symphony of the Night la saga ha encontrado su mejor baza, pero también ha supuesto su mayor lacra, pues ninguno de los títulos que le han precedido han conseguido estar a la altura del hype que se había creado en torno a ellos, estableciendo las correspondientes comparaciones, lo que ha repercutido de forma negativa en algunos juegos que, sin ser malos, no gozaron del favor del público que esperaba ilusionado un nuevo prodigio que igualara a la epopeya protagonizada por Alucard.

Este hecho fue palpable con la siguiente entrega de la saga, quizá debido al poco tiempo transcurrido y al vivo recuerdo del juego que aun causaba furor entre los usuarios de PlayStation en el mundo entero, pues recordemos que la versión de Saturn se quedó relegada al mercado japonés.

Las capacidades de Nintendo 64 fueron determinantes para que los desarrolladores se centraran en crear el primer Castlevania en plenas 3D.

Lo curioso de este título es que su historia transcurre al margen de la cronología principal, pese a que fue concebida como representativa dentro de la saga, destinada a hilvanar el argumento entre las diferentes entregas.

Para la ocasión el jugador asume el control de Reinhardt Schneider Belmont, al que en el mejor de los casos se lo ha catalogado como un “quiero y no puedo“, incapaz de rivalizar con la fama o el carisma de la que dispusieron otros tantos representantes de su linaje; Reinhardt compartía protagonismo con Carrie Fernandez, la joven bruja antepasada de Charlotte Aulin, una de los personajes principales del notable Castlevania: Portrait of Ruin.

Pese a las novedades de esta nueva entrega, como el paso del día a la noche y la posibilidad de ser convertidos en un vampiro, se acusó con dureza a su sistema de control y, muy especialmente, al uso de las cámaras, que en determinadas ocasiones llegaban a complicar en exceso las zonas donde primaban las plataformas y era primordial la habilidad del jugador.

Y así, la conclusión lógica de esta primera aproximación de la saga a los mundos tridimensionaleses es que se saldó con un notorio fracaso, más aun si tenemos presentes sus escasas ventas.

En menos de un año estuvo disponible también para Nintendo 64 el Castlevania: Legacy of Darkness, que se trataba de una ampliación del Castlevania 64 original.

Aunque para ser precisos este fue en realidad el título que desearon crear desde un primer momento los programadores de Konami, si bien por apremios de tiempo y trabajo no fueron capaces.

En esta versión se hizo uso del Expansion Pak que permitía un mayor virtuosismo gráfico, y se aportaban dos nuevos personajes jugables a la historia, sean Cornell, un representante de la raza de los hombres bestia capaz de transformarse en hombre lobo, y Henry, un poderoso caballero que en una primera toma de contacto se presenta en la aventura cuando apenas es una indefensa criatura.

Pese a algunas de sus carencias, es preciso reconocer que jugar a esta entrega sigue siendo una delicia a día de hoy, en parte debido a los espectaculares jefes finales y al conseguido efecto en 3D intrínseco del cartucho.

No sería posible concluir este apartado del reportaje sin hacer mención a algunos guiños cuanto menos curiosos, como el que es posible encontrar en el Sexy Parodius, y a determinados juegos cancelados, entre los que destacan el Castlevania: Bloodletting que estaba siendo desarrollado para el Sega 32X, cuyos sprites se utilizaron en el Castlevania: Symphony of the Night, y el Castlevania Resurrection, que debería haber visto la luz en la añorada Dreamcast, pero cayó en desgracia como resultado del fracaso comercial de la blanca de SEGA, sumado a la mala coordinación entre los equipos de Konami de occidente y oriente.

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