REPORTAJE ESPECIAL CASTLEVANIA PARTE 5

La segunda incursión de la franquicia en 3D, si no tenemos en consideración el intento fallido de Castlevania Resurrection para Dreamcast, se saldó con el Castlevania: Lament of Innocence en PlayStation 2.

La trama tiene lugar en el lejano año 1.094 y se trata en realidad del primer título en la cronología de la serie.

De este modo acompañaremos a Leon Belmont, el primogénito en la estirpe de los cazavampiros, que deberá velar por la seguridad de su prometida y enfrentarse al que en otros tiempos fue su mejor amigo, el Conde Mathias Conqvist, quien acabará por darle la espalda a Dios despechado para convertirse en el más poderoso de todos los vampiros, al tiempo que abraza la magia negra.

Como anécdota, en esta entrega se profundiza en el por qué de los determinados objetos que hay disponibles al romper sendos candelabros u otros elementos repartidos a lo largo del escenario, pues resultan ser items que deja el propio vampiro para hacer más divertido su particular juego sanguinario, conocedor de que no hay fuerza en el mundo que pueda oponérsele, hasta la gestación del mítico látigo matavampiros, el azote de las criaturas de las tinieblas, cuya creación tiene lugar en esta misma aventura.

El resto de virtudes que atesora el compacto, más allá de su apasionante historia, hay que buscarlas en un desarrollo que ha sido bautizado con el término de metroidvania, dadas las claras referencias a la franquicia de Nintendo, bien presentes en la saga de Konami desde la aparición del inimitable Castlevania: Symphony of the Night, además de un acabado gráfico notable, que no llegó a destacar pero cumplía su cometido sobradamente, y unos jefes de final de nivel de puro lujo.

Todos estos elementos sirvieron para suplir ciertas carencias, como un desarrollo que peca de monótono y un apartado sonoro exento de todo carisma, obra de Yamane.

El equipo de producción trató de repetir la fórmula del éxito años más tarde con Castlevania: Curse of Darkness, que se inspiraba una vez más en el título fetiche de la franquicia, Castlevania: Symphony of the Night.

Recuperaron para esta ocasión por tanto el desarrollo que ya caracterizó a aquel, basado en un mapeado de múltiples niveles y un improvisado héroe dotado de poderes demoniacos que usa a su favor a las almas inocentes, una suerte de demonios que tienen mucho en común con los demonios familiares que ayudaban a Alucard en su epopeya en busca de la salvación del género humano.

El principal inconveniente del que adolece Castlevania: Curse of Darkness es un motor gráfico que ya había quedado desfasado y se limitada a cumplir con su cometido sin mayores alardes ni excesos, para triste pesar de los incondicionales de la serie, que vieron por momentos como perdía el atisbo de gloria que siempre la había caracterizado en el pasado, a falta de un glorioso título que le devolviera todo su prestigio en las plataformas domésticas.

Pero para ser francos, después de más de veinte años deleitando a los usuarios con gloriosas entregas donde las haya, se antoja verdaderamente difícil que la franquicia se vea amenazada con el olvido o la indiferencia por parte de los usuarios.

Lo que si resulta ineludible es que las últimas entregas en 3D no le hicieron justicia a la serie en absoluto, que necesita por tanto renovarse y salir airosa de ese anclaje en el que se ha visto sumida en las portátiles de Nintendo, con las que tan buenos resultados ha cosechado.

Sin embargo, tras ver el sobresaliente trabajo que han realizado en Konami con el recomendable Castlevania: Order of Ecclesia, no podemos sino contemplar esperanzados el futuro y depositar los mejores anhelos en el próximo Castlevania: Lords of Shadow, con el que volveremos a empuñar un arma equivalente al popular látigo matavampiros, en una entrega que se antoja fiel al sistema clásico de la saga pero innovadora a su vez.

Y es que los seguidores de la franquicia queremos disfrutar de otras dos décadas de éxitos continuados.

Como mínimo.

Nota del autor: he obviado en este apartado las posibles referencias al reciente Castlevania: Judgment para Wii, un spin off de la saga que pasa por ser un juego de lucha y se saldó con un auténtico despropósito, que si bien el planteamiento puede resultar interesante, falla imperativamente en su ejecución; y un arcade de novedosa factura que responde al nombre de Castlevania: The Arcade, un prometedor título en primera persona que aun no ha podido verse en Europa, y del que se desconoce si dispondrá de conversión a consola alguna, si bien dado su desarrollo la plataforma ideal con toda probabilidad volvería a ser Wii.

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