REPORTAJE SOBRE LA SAGA DUKE NUKEM PARTE 2

Duke Nukem es el resultado de aunar en un único personaje todos los estereotipos imaginables, combinarlos con un machismo exaltato y un ego que además no conoce límites; y en la medida de lo posible, añadir a este ya de por si explosivo cóctel unas armas innecesariamente desproporcionadas.

Un personaje, en definitiva, que se aleja significativamente de aquellos otros que se sienten atormentados por un trágico pasado que les ha marcado, o bien sacan a relucir sus más puros y nobles sentimientos.

Más cercano a los Schwarzenagger de turno bañados en hormonas y pisoteando siempre cualquier formalidad que pudiera surgir al paso.

Duke Nukem llegó a nuestros hogares por vez primera en el año 1.991 protagonizando un arcade en el que la acción no estaba reñida en absoluto con las mejores plataformas.

Probablemente este se trate de un título meramente anecdótico si lo comparamos con la importancia de las obras que le seguirían, pero ya gozaba por aquel entonces de un acabado impecable y una velocidad notoria que le sirvieron para ganarse el apoyo incondicional de una buena base de usuarios que no dudaron en hacerse eco de la emergente alternativa del shareware, bajo el lema de “aquí tienes una demostración, si te gusta compra el resto a un precio ridículo“.

Y como quien no quiere la cosa Duke se planta en la lista de los primeros programas shareware, que no de juegos, consolidándose en las más altas posiciones durante casi dos años de forma interrumpida, toda una hazaña que sin duda ya hacía presagiar el éxito que vendría después.

El título había sido desarrollado por Apogee, tal como se dio a conocer 3D Realms en un primer momento, una empresa que ya tenía experiencia sobrada en este tipo de mercado; no en vano habían sido ellos los encargados de distribuir el mítico Wolfenstein 3D de la compañía ID Software, otro título consagrado.

Tras el enorme éxito cosechado no era de extrañar que Apogee lanzara al mercado Duke Nukem II, allá por el año 1.993, respetando las bases jugables del original, pero mejorando de forma sustancial el apartado técnico de esta nueva epopeya que nos volvía a otorgar el control del carismático personaje, cosechando un éxito de similar factura al anterior.

Sin embargo en el año que nos ocupa la tendencia del mercado dictaba que los arcades bidimensionales debían cederle el paso a un nuevo género que se estaba imponiendo de forma progresiva, gracias en parte al despliegue gráfico que suponían los mundos pseudo-3D de novedosa factura.

De este modo, cambiando la perspectiva se conseguía dotar de un mayor énfasis al desarrollo de la acción, así como conseguir mayores dosis de violencia gratuita y desenfrenada, ideal para los adolescentes del momento, ansiosos como estaban de descubrir nuevas sensaciones y explotar otras formas de juego, atraídos por el nuevo abanico de posibilidades que ofrecían los FPS.

Y así, en la rebautizada 3D Realms se pusieron a trabajar en el nuevo juego que, cambiando a los alienigenas de Doom por unos gorrinos del espacio, buenos como iconos pero mejores aun como enemigos, iba ser un nuevo hito dentro del género, un título en el que todos sus imitadores fracasarían estrepitosamente, haciendo tambalearse a los cimientos de la industria.

Se aproximaba por tanto Duke Nukem 3D, un shooter en el que la desolación de los decorados y las numerosas strippers construidas a base de píxeles le otorgaban al conjunto unos ligeros toques de erotismo en un mundo post-apocalíptico.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.