RESIDENT EVIL: DEADLY SILENCE

No sabemos exactamente cuándo comenzó a gestarse el género que mezcla terror y supervivencia en los videojuegos.

Algunos aluden a los remotos tiempos de la esotérica claustrofobia de Impossible Mission, para Commodore 64, mientras que otros opinan que hay que ser inteligente para poder intimidar, y que el irracional System Shock 2 fue el primer juego capaz de generar miedo.

Aunque, para muchos, el género se inicia con Resident Evil, en una inmensa y aterradora mansión, y con una buena dosis de gráficos en movimiento.

Se trata de una historia obsesiva envuelta en un inverosímil relato de errores corporativos, pero hay un par de detalles que lo rescatan de la clasificación fácil.

En primer lugar, sus controles son demasiado pesados, y transforman el movimiento en una ardua tarea que desemboca en nerviosa frustración.

Para rematarlo, el juego lanza enemigos y municiones contra el usuario de forma más limitada de lo que un título de acción estándar haría suponer.

Aquí se pretende escenificar luchas y aprovechar la multitud de recursos disponibles.

Pero la cosa también va de sobresaltos: desde la súbita aparición de un zombie cuando menos te lo esperas, hasta el momento en el que unos perros se abalanzan sobre el aficionado atravesando una ventana.

El guión de Resident Evil es ciertamente denso, pero tiene la capacidad de sorprenderte al menos una vez.

Puede que la inteligencia no haya sido aplicada realmente hasta la cuarta entrega, pero hay un anuncio evidente en la primera, pese a lo trillado de su historia, su voz mejorable o algunos puzzles simplistas en DS.

Esta versión resulta en la actualidad más simpática que intimidante, pero la sombra de sus extraños y renqueantes zombies continúa siendo alargada.

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Xtremeretro

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