RETURN TO CASTLE WOLFENSTEIN

Cuanto más tiempo pasa entre un juego y la siguiente entrega, más se complica la solución de problemas técnicos.

Entre el lanzamiento de Wolfenstein 3D y su continuación, Return to Castle Wolfenstein, pasaron diez largos años.

La evolución tecnológica que se había producido exigía que toda la estructura fuese replanteada: el original ni siquiera era tridimensional, así que, ¿cómo podría la nueva versión captar entornos tridimensionales propulsados por una tarjeta gráfica integrada?.

El desarrollador del modo individual, Gray Matter Interactive, decidió de forma inteligente colocar al héroe de Wolfenstein en las mazmorras del castillo y, a partir de ahí, en una situación enteramente nueva.

Ahora, Blazkowicz se enfrenta a los nazis y a los zombies tratando de impedir que la División Paranormal de las SS resucite a Heinreich I, un malvado señor feudal extraído de la historia de Alemania.

Para muchos, Return to Castle Wolfenstein suprime uno de los aspectos más importantes del original: no hay que matar a Hitler al final del juego.

No obstante, consigue poner al día el título convirtiéndolo en una aventura dinámica, con un universo mágico y de misteriosos poderes a lo Indiana Jones codiciados por los nazis.

Pero lo que hace del juego algo realmente especial es el modo multijugador, en el que el Eje y las fuerzas aliadas compiten por conseguir objetivos y ganar la partida, o al menos detener a su oponente.

Con cuatro clases bien equilibradas y mapas mejor diseñados, Return to Castle Wolfenstein influyó sobre posteriores juegos de disparos, convirtiéndose en algo tan relevante para su género como su pariente cercano.

No está mal, tras diez años de espera.

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