RISKY WOODS

El título fue desarrollado por el equipo nacional de programación conocido como Zeus Software en el año 1992 para los sistemas de 16 bits de la época y distribuido por Electronic Arts.

El sistema de juego recordaba en gran medida a una de las obras consagradas de Capcom, el mismísimo Ghost‘n Goblins con más de un elemento en común, y el éxito no se hizo esperar, pues virtudes no le faltaban al título de origen español.

Tal fue la popularidad que alcanzó el título, que Electronic Arts no dudó en realizar una conversión a una de las máquinas más punteras del momento, la Mega Drive de SEGA, por lo que el prestigio del juego no pudo sino seguir acrecentándose.

La historia del juego es rica en matices, y muy desarrollada dadas las necesidades de la época. Como jugadores, adoptamos el rol de Rohan, un valiente guerrero que pretende internarse en unos bosques malditos, tratando de poner fin, si es preciso a costa de su propia vida, al reinado del Señor que se esconde tras ellos, y que ha sumido al reino en una época de oscuridad donde la muerte no siempre es el peor de los destinos a los que está sujeto el hombre, pues tales son las malas artes y el poder que ejerce el Señor del mal sobre estas desdichadas gentes.

Por fortuna, no todo está perdido, pues los más viejos del lugar, recuerdan una ancestral leyenda, en la que se narra cómo unos antiguos monjes tratando de descubrir los poderes ocultos de la naturaleza, despertaron a un mal latente que gracias a ellos entró en nuestra dimensión. Y a fe que pagaron caro su error, pues esta vil criatura, que es la que ahora se interna en los bosques malditos, los petrificó para apropiarse de sus mágicos poderes, con los que amenaza en convertir a las pobres gentes de la región en horribles criaturas despiadadas y sedientas de sangre y destrucción.

Aquí es donde entra en juego el valiente Rohan, un guerrero elegido, defensor de las buenas gentes del lugar, que han depositado en su persona todas las esperanzas que son capaces de albergar sus afligidos corazones, de modo que si él mismo no los salva de su condena, probablemente nadie más podrá hacerlo.

La mecánica del juego es directa y efectiva. Compuesto por un total de doce fases, tendremos que enfrentarnos a toda suerte de demonios y demás criaturas del averno a fin de recatar a diversos custodios que han sido convertidos en piedra, muy a pesar suyo, tratando de evitar la muerte por todos los medios posibles.

Si pretendemos rescatar a los antiguos monjes, ahora convertidos en frías rocas carentes de vida, nuestra prioridad será la de encontrar diversas llaves interdimensionales, pues en caso contrario no podremos dar por concluidos los niveles que conforman el título.

Por fortuna, disponemos de diversas armas que nos facilitarán en gran medida nuestra labor, que pasan por ser desde armas blancas de corto alcance hasta armas arrojadizas, e incluso se premia al jugador al final de cada fase permitiéndole adquirir valiosos items con los que mejorar su armamento o bien recuperar parte de la salud perdida en el fatigoso viaje que ha llevado a nuestro valiente guerrero a enfrentarse contra las imparables hordas del mal que salen a su encuentro.

El acabado gráfico del juego es una buena muestra del gran nivel que atesoraban los desarrolladores, así como del buen trato recibido por parte de estos, pues nos encontramos en todo momento con unos personajes de gran tamaño, lo que afecta no solo al personaje principal de la aventura, si no al completo elenco de enemigos a los que debe abatir, que lucen un aspecto aterrador, dadas las posibilidades que ofrecían los sistemas de la época.

Además, los monstruos y demás seres que nos salen al paso resultan ser variados como pocos, pese a que se repiten en determinadas ocasiones, pues cada nivel hace gala de una fauna muy propia, tal fue el mimo que invirtieron los programadores en el título.

La gran variedad de enemigos y el gran tamaño que lucen en pantalla ya sería suficiente para justificar lo acertado de su acabado gráfico, pero es que visualmente el título va mucho más allá, pues los desarrolladores consiguieron mostrar hasta 32 colores en pantalla, lo que daba un aspecto impecable, una brillantez poco común en la época, luciendo en todo momento un acabado excelente, y el juego no se resiente ni lo más mínimo a pesar de encontrarse con una pantalla repleta de sprites en movimiento.

Al impecable acabado gráfico, y el brillante sistema de juego, sencillo pero adictivo, además de variado, hay que sumarle la magistral ambientación, conseguida en parte gracias a una banda sonora que supo estar a la altura de las circunstancias.

La música fue compuesta por Pablo Ariza y José Martín, y el resultado obtenido no defraudaba en absoluto, pues acompañaba magestuosamente a la acción, sin llegar a hacerse pesada ni repetitiva en momento alguno.
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En definitiva, un gran título que atesoraba gran calidad en cada uno de los apartados que lo conformaban, y que ningún aficionado a los viejos arcades debería dejar de probar, pues encontrarán en él horas de diversión, ideales para afrontar las frías y largas tardes invernales que se avecinan.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.