ROBOCOP 3

La compañía Flying Edge no dudó en explotar la saga de Robocop lanzando al mercado juegos de forma reiterada, aprovechando el éxito comercial obtenido con la primera entrega.

Tristemente la tercera parte destaca, además de por un tedioso desarrollo, por su cuestionable calidad técnica y nefasta jugabilidad.

Dicen las malas lenguas que segundas partes nunca fueron buenas. Con el título que nos ocupa de las terceras casi es preferible ni hablar.

El primer Robocop, que recordemos no llegó a aparecer en las consolas de 16 bits, ya tenía un desarrollo idéntico al de esta tercera entrega.

Para que podáis vislumbrar hasta qué punto la franquicia se ha plagiado a si misma una y otra vez, Robocop versus Terminator, un cartucho anterior que fue programado por Virgin, volvía a repetir los mismos esquemas jugables, aunque con mayor acierto dicho sea de paso.

¿Coincidencia? Todo es posible, aunque en vista del resultado en el año de su lanzamiento, 1.992, corrieron rumores de que esto se debía en realidad a que se trataba la solución más inmediata para liquidar un molesto proyecto que parecía no entusiasmar a los programadores.

Dejando de lado estas y otras habladurías más o menos afortunadas que acompañaron a la salida del programa, pasaremos a centrarnos en los pros, si es que hubiera alguno, y los contras, que serán aquí los que cobren mayor peso y protagonismo.

De entrada llaman poderosamente la atención los sprites de los personajes del juego, de dudosa calidad. Basta con decir que adolecen de unas animaciones pobres y son parcos en movimientos.

Respecto a los escenarios, plagian con cierto descaro a todos los títulos anteriores. Esto se traduce básicamente en interminables fachadas de edificios que se repiten hasta la saciedad.

Estos mismos escenarios, loables en pasadas entregas, resultan cuanto menos chocantes en unas máquinas tan poderosas como lo fueron en su época Super Nintendo o Mega Drive, acentuando más aún si cabe la pobreza del acabado gráfico.

Las distintas melodías se limitan a cumplir su cometido sin grandes alardes ni pretensiones, sin absolutamente nada que las haga destacar por encima de centenares de composiciones típicas en el género.

Desafortunadamente el resto de sonidos audibles, mejorables a todas luces, contribuyen a dilapidar en cierto modo el apartado sonoro.

No podría continuar con el comentario sin antes hacer un pequeño reproche a todos aquellos programadores que aún pudieran pensar que el nivel de dificultad es exactamente proporcional al de diversión, dado que perder la compostura delante de un televisor a causa de un juego complicado en exceso definitivamente no resulta una actividad demasiado entretenida; un hecho casi palpable con los enrevesados jefes finales, que pondrán a prueba la paciencia de más de uno.

Por ello sería recomendable que se hubieran inspirado en el sencillo a la par de eficaz planteamiento de tantos otros de juegos de plataformas, muy asequibles en los primeros niveles, para ir complicándose de forma gradual.

Poco más se puede decir de Robocop 3, en el que para ser sinceros, a duras penas se salvan de la quema la pantalla de presentación y algunas escuetas digitalizaciones.

Podréis encontrar alternativas mucho mejores sin demasiado esfuerzo.

RESUMIENDO

Dos son los calificativos que definen al programa: nula originalidad y escaso interés.

Un lastre que le impide destacar sobre infinidad de títulos cortados por un mismo patrón; y estos son unos obstáculos que se antojan insalvables en el mundo de los videojuegos.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.