ROBOTRON 2084

Inspirado en cierto modo por la novela de George Orwell, 1984, el programador Eugene Jarvis estaba resuelto a crear un juego de acción exento de toda violencia posible.

Así debería haber sido en sus orígenes el mítico Robotron 2084, hasta que un lamentable accidente de tráfico hizo cambiar el planteamiento del célebre artista, apostando por un desarrollo bastante más agresivo de lo que cabría esperar y, por fortuna, ciertamente innovador.

De este modo el jugador se ve convertido en el último bastión de la humanidad que debe hacer frente a numerosos robots sin otro objetivo que erradicar a toda la especie humana.

Una trama nada sorprendente, pero lo suficientemente atractiva como para ganarse el favor de los aficionados a los arcades de principios de los ochenta, concretamente del año 1.982.

Sin embargo, este argumento que pecaba en exceso de clásico vino acompañado por un hecho revolucionario que ha tenido repercusión incluso en los pads de control de las consolas más modernas, pues la gran novedad que traía consigo esta coinop era el uso de dos joysticks, de modo que uno de ellos se empleaba para desplazar al personaje principal a través del escenario mientras el otro permitía disparar en cualquier dirección posible sin mayor complicación.

La idea original que tenía Jarvis en mente nada tenía que ver con este juego de acción desenfrenada, por lo que el cometido de el jugador no pasaba por eliminar sin reparo alguno a cuanto enemigo se cruzase en su camino, sino que debía ingeniárselas para que estos cayeran en las numerosas trampas que habían repartidas a lo largo de cada nivel.

Pero quiso el destino que el propio Jarvis, autor entre otros del mítico Defender, se fijara en otro juego arcade de moda, el Berzerk, en el que se ponía especial énfasis en un desarrollo donde los múltiples disparos eran una constante.

Por aquel entonces la preocupación del conocido programador ya pasaba por mejorar la ejecución de los juegos que estaban cortados por este mismo patrón.

De hecho, él mismo expresó sus inquietudes criticando la necesidad de acercase al adversario para poder así eliminarlo, de modo que era inevitable quedar expuesto a sus ataques.

Este detalle le obsesionó hasta el punto de que centró sus actividades en conseguir mejorar la técnica empleada, de modo que fuera posible perfeccionar la gama de movimientos de los personajes o, llegado el caso, el manejo de los mandos.

Fue entonces cuando resultó víctima de un aparatoso accidente de coche que le impidió la movilidad de la mano derecha de forma provisional.

Este molesto efecto secundario limitaba en gran medida su labor en el proceso de producción, puesto que era incapaz de pulsar el recurrido botón de disparo.

Cansado de ver como el resto del equipo disfrutaba jugando, se sirvió de su inventiva para añadir un segundo joystick que le facilitara participar de la diversión.

Apenas un mando de la Atari 2600 y algo de cinta aislante le sirvieron para revolucionar el concepto de juego que existía entonces.

El éxito volvía a estar una vez más al alcance de su mano.

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