ROCKET KNIGHT ADVENTURES

Con motivo del reciente lanzamiento del Rocket Knights para las plataformas de nueva generación, vamos a dedicarle un breve comentario a la primera entrega de la franquicia, que dio lugar a uno de los títulos más emblemáticos y recomendables del extenso catálogo de Mega Drive.

Dirigido bajo la batuta de Nobuya Nakazato – famoso por su implicación en la saga de Contra – el programa original supuso la presentación en sociedad de Sparkster, una simpática zarigüella armada con una potente espada y portando un cohete sobre sus espaldas, que por sus aventuras no tardó en convertirse en todo un hito en el universo de la diversión y la jugabilidad.

Para aquellos que quieran profundizar un poco más en la historia de este valeroso espadachín, han de saber que se trata de un joven huerfano acogido bajo los cuidados de Mifune Sangelo, uno de los siete magos custodios del reino de Elhorm y creador de la orden de los Rocket Knights, unos destacados caballeros que velan por el bienestar y la paz en aquellas lejanas y distantes tierras.

Así pues la misión de Sparkster, el líder de la orden, consiste en garantizar la seguridad de los indefensos aldeanos y servir con presteza a los designios e intereses del benevolente monarca.

Sin embargo esta ansiada paz no tarda en verse truncada al rebelarse contra el poder vigente uno de los siete magos reinantes, Dark King, que en un contundente movimiento envía al renegado Axel Gear a secuestrar a la princesa del reino para emplearla a modo de moneda de cambio, al tiempo que se alía con los dirigentes de un planeta habitado por malvados Cerdos.

Estos graves acontecimientos obligarán a Sparkster a afrontar su primera misión de gran envergadura, lo que le llevará a atravesar más de una veintena de zonas bien diferenciadas entre sí, siendo el denominador común entre todas ellas una singular belleza y el peligro siempre acechante.

De entrada los engendros mecánicos creados con las malas artes del perverso Dark King tratarán por todos los medios a su alcance de impedir el cometido del noble caballero, ya sean payasos de grandes dimensiones, sardinas, locomotoras, y un sin fin de enemigos de una probada fiereza y resistencia a la espada que porta el intrépido protagonista.

Y aquellos jugadores más diestros que hayan conseguido finalizar el primer nivel de dificultad – algo que no está al alcance de todos los usuarios dadas las complicaciones que plantea la aventura -, aún deberán volver a afrontar la misión con mayores obstáculos y jugosas recompensas.

Y así hasta completar las siete fases disponibles, compuestas por al menos tres niveles cada una de ellas, tal es la estructura que plantea el programa.

Huelga decir que técnicamente el título destila genialidad y simpatía a partes iguales, con un diseño para los personajes que roza la excelencia y un desarrollo poco menos que apasionante.

Si sois amantes de las clásicas aventuras de plataformas salpicadas por incesantes tintes de acción, y la justa carga de shootem up – una mezcla de géneros que a priori se antoja irresistible – Sparkster os aguarda dispuesto para afrontar un reto de proporciones bíblicas, alcanzando unos niveles de diversión antológicos que dan una buena muestra del potencial que atesoraba la consagrada plataforma de 16 bits de SEGA.

RESUMIENDO

Gráficamente el juego es un compendio de virtudes, con unos personajes perfectamente detallados y mejor animados, un original y variado diseño para los escenarios rico en matices – hasta el punto de que no llegan a repetirse durante todo el progreso de la aventura – y rebosantes de un colorido digno de mención.

Todo ello enderezado con un peculiar sentido del humor.

Y si portentoso es el acabado gráfico, no menos extraordinario resulta el apartado sonoro, que cuenta con 24 sinuosas melodías y un rítmico tema principal que se adaptan con maestría a la acción.

Algo peor parados han salido los sonidos empleados para amenizar el avance, que podrían tacharse de genéricos para este tipo de programas y no aportan nada realmente significativo con respecto a otros centenares de títulos cortados por un mismo patrón.

Pero donde el cartucho brilla con luz propia es en la jugabilidad que alberga en su interior, potenciada por la gran variedad de fases y situaciones que plantea en todo momento y sin que decrezca el ritmo, con ese justo toque de dificultad que lo convierte en un reto siempre apasionante.

Y es que Konami acertó de pleno con la elección de la que iba a ser su mascota oficial, un personaje que en cierto modo seguía la estela del célebre Sonic, que protagonizaba una aventura discreta en novedades pero muy bien resuelta y con un acabado sobresaliente.

En síntesis…

La elección de Konami de tomar a Sparkster como su personaje abanderado se evidenció como un rotundo acierto.

El juego en sí es de lo más completo que se puede encontrar en la añorada consola de 16 bits, pues cuenta con unas extensas y variadas fases, gráficos de infarto, muy originales y de un colorido excepcional – tal como dictaban los cánones de la época -, y unas composiciones musicales a la altura de las circunstancias.

Respecto al elenco de personajes que desfilan a través de la aventura, hacen gala de una animación más que correcta y de ese sano sentido del humor que tanto gusta entre los aficionados.

Rocket Knight Adventures está concebido para ser disfrutado desde el primer minuto de juego, y a fe que lo consigue con creces.

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