RYGAR: LEGENDARY WARRIOR

El año 1.986 fue la fecha elegida por Tecmo para lanzar al mercado una coin-op mítica que llegó a contar con millones de adeptos en todo el mundo.
Bajo el nombre de Rygar: Legendary Warrior, conocido en su país de origen como Argus No Senshi, el juego pasaba por ser un arcade con ligeros toques de plataformas y acción con un avance en 2D, tal como dictaban los cánones de la época.

En el se relata el periplo de Rygar, un valiente guerrero caído en combate que vuelve a la vida con un único propósito, proteger a su tierra natal de las ambiciones de dominio y destrucción del malévolo Ligar.
Un total de 27 niveles de dificultad creciente acompañados por una jugabilidad soberbia y una simplicidad meritoria en su ejecución, que no en su desarrollo, servían para completar a un título muy recomendable que llegó a calar hondo entre los jóvenes de toda una generación.

De modo que empuñando el DiskArmor, una suerte de escudo estrechamente ligado a una robusta cadena con el que es posible atacar en múltiples direcciones, el cometido del jugador pasará por enfrentarse a hordas de malvadas criaturas obteniendo así una suculenta bonificación en forma de puntos, incentivando al usuario a rebasar dicha puntuación de forma reiterada en cada nueva partida.
Para tal propósito se le condece la facultad de incrementar el poder destructivo del escudo, así como de mejorar los atributos físicos del personaje principal, algo que se antoja de vital importancia para afianzar el progreso en la aventura, pues el programa hace gala de un nivel de dificultad ciertamente notorio.
Sirva a modo de ejemplo la imposibilidad de continuar la partida a partir del vigésimo nivel, donde perder el resto de vidas disponibles equivale a comenzar el juego desde el principio.

Por fortuna el héroe de la historia no se encuentra ni mucho menos desvalido, pues entre sus acciones dispone de movimientos tan variopintos como saltar sobre sus enemigos, servirse de su escudo a modo de arma arrojadiza e incluso trepar si la situación así lo requiere.
Unos atributos irrisorios en la actualidad, incapaces de sorprender al respetable podría decirse, pero que supusieron una muy grata sorpresa en la década de los ochenta cuando este programa vio la luz.
Poco más se le podía exigir por aquel entonces a un título de estas características, que contaba a su favor con un apartado técnico solvente y un diseño de los niveles bien resuelto, de una variedad inusitada por añadidura.

Estos mismos adjetivos son atribuíbles al común de enemigos y, por supuesto, al carismático personaje principal.
Los motivos de su éxito hay que buscarlos por tanto en una puesta en escena más que correcta, un elevado nivel de dificultad que ponía a prueba las habilidades y aptitudes de los jugadores más experimentados, y una jugabilidad a la altura de los clásicos tan directa como eficaz, en parte posible gracias a su versátil protagonista.
RESUMIENDO
Los gráficos, sin llegar a ser espectaculares, cumplen su cometido con creces, e incluso a día de hoy podría considerarse que han resistido con maestría el paso inexorable del tiempo, lo que ya da una idea aproximada del esfuerzo invertido por parte de la empresa desarrolladora en este apartado.
A destacar el gran nivel de detalle con el que cuentan los distintos escenarios.
Por contra, los personajes que hacen acto de presencia durante la aventura no han recibido el mismo trato, pues adolecen de unos sprites de reducido tamaño y ni siquiera la gran variedad de enemigos disponibles consigue suplir esta carencia.

Uno de los apartados más descuidados del conjunto hay que buscarlo en la banda sonora, que se limita a ser correcta en el mejor de los casos y tiende a quedar eclipsada por el desarrollo de la acción, incapaz de captar el protagonismo durante los momentos álgidos en los que la pantalla muestra una gran cantidad de enemigos.
Queda patente que no ha recibido el mimo que si se ha vertido en el resto de elementos que dan forma al programa, pues apenas un par de temas os acompañarán durante el desarrollo.
Esto ya sucedía en otros títulos del calibre de Rastan, que disponía tan solo de tres melodías, aunque de una brillantez y genialidad con las que no puede competir la creación de Tecmo.

Por fortuna donde Rygar sobresale es en su apartado jugable y en la diversión que es capaz de ofrecer, pues como se ha demostrado un protagonista versátil, pese a ser parco en movimientos, y una historia adornada con tintes épicos bastan para justificar la existencia de uno de los mayores hitos de los arcade en la década de los ochenta, de una dificultad desgarradora, con un número atroz de enemigos que atacan desde cualquier flanco posible, y una duración más que considerable.

En síntesis, Rygar es un programa muy especial cuyo mayor logro se encuentra en las grandes dosis de entretenimiento que alberga, la que es también su mayor virtud y su mejor baza.
El apartado técnico cumple sin excesos, pero se ve ensalzado por una ambientación digna de mención y una muy elaborada trama para los años que nos ocupan.
Y es que méritos desde luego no le faltan.
No en vano su recuerdo perdura imborrable en el colectivo de toda una generación, y se consolidó como uno de los mayores éxitos de Tecmo en materia de arcades, donde la competencia era realmente encarnizada.
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