SABRE WULF

Tal como reza el texto que sirve para introducirnos en este selvático mundo donde parece ya no haber vuelta atrás, “... Me arrastro, cada vez más inmerso en la negrura… Cayendo, desgarrándome, más y más profundo… Manos que te agarran, garras que te apresan… Me temo que este es el final de una jungla inexpugnable…”

Abandonadas, pues, todas esperanzas vanales, no queda más remedio que aceptar con desgana la cruel realidad. Nos encontramos inmersos, perdidos, en una jungla hostil, sin ninguna referencia a la que aferrarse, y sin más recursos que los que nosotros mismos seamos capaces de proveernos para salir airosos de este complicado trance, que se antoja insalvable.

Una vez asumida su penosa situación, Sabreman, el protagonista en funciones de este título, tendrá que lidiar con algunas peligrosas bestias y tratar de recoger en la medida de lo posible una serie de objetos que se encuentran dispersos y repartidos a lo largo de un mapa de corte laberíntico formado por la nada despreciable cifra de 256 estancias.

Para hacer más penosa y lastimera la situación del desdichado protagonista, éste se encontraba inmerso en este vasto mundo de unas proporciones más que considerables, sin posibilidad alguna de escapar a su fatídico destino, pues esta peligrosa selva se encuentra rodeada de montañas nevadas de difícil acceso que imposibilitan avivar cualquier esperanza de salvación, que no sea otra que pase por adentrarnos en lo más profundo y oscuro, en la negrura misma, de esta selva donde unos ojos inquisitivos siguen nuestros pasos desde la lejanía, siempre al acecho, para la mala fortuna de Sabreman.

De este modo, nuestro involuntario héroe tendrá que enfrentarse a diversas criaturas en su progreso por el juego, algunas algo más dóciles y pequeñas, aunque sin dejar en momento alguno de ser agresivas y despiadadas dada su condición de alimañas, de las que nuestra espada dará buena cuenta, y otras criaturas de mayor tamaño que no podían ser abatidas mediante las fuerzas de las que disponíamos, si bien siempre cabe la posibilidad de tratar de ahuyentarlas, con mayor o menor fortuna para tal propósito.

Respecto al apartado técnico del juego, este resulta ciertamente vistoso, con unos gráficos que, pese a que tienden a repetirse con cierta frecuencia, son coloridos, grandes y detallados.

Además, el título resulta altamente rejugable, pues nuestro cometido, si queremos llegar al mejor de los finales posibles, pasa por consagrar las fuerzas que nos quedan y nuestras ansias de supervivencia a la búsqueda de cuatro trozos de un medallón mágico, conocido como el Sabre Wulf, que es el que le presta su nombre al juego.

Dichos elementos, se encontraban dispersos a lo largo del ya de por sí extenso mapeado de forma aleatoria, es decir, al azar, por lo que cada partida nueva siempre se tornaba en algo diferente, distinta de la anterior.

Por si el detalle de la localización aleatoria de estos preciados elementos no fuera suficiente para amedrentar al más aventurado, el título hace gala de una dificultad ciertamente elevada, pues si la fortuna no nos abandona del todo, a pesar de la pésima situación en la que nos hallamos, perdidos en medio de lo desconocido sin nadie que pueda acudir en nuestro auxilio, muy de tanto en tanto podremos conseguir una valiosa vida extra, en forma de estatuilla, que puede significar la diferencia entre salir airosos de esta pesadilla en forma de jungla en la que nos hallamos inmersos, o bien sucumbir a ella y a las múltiples fieras que en ella habitan.

Para los amantes de las curiosidades, tan solo me resta destacar que este título fue programado por la célebre Ultimate, fundada en el año 1983 y que desarrolló juegos para Spectrum y Commodore 64 durante dos años, momento en que fue vendida a U.S. Gold. Actualmente esta compañía es conocida por el nombre de Rare, y se ha ganado a pulso un lugar de honor en la industria del videojuego lanzando al mercado algunas de las mejores obras lúdicas que se recuerdan, mientras colaboró estrechamente con la propia Nintendo, si bien en la actualidad resulta ser uno de los más valiosos elementos con los que cuenta Microsoft para sus consolas.

Respecto a Sabre Wulf, era posible controlarlo bien fuera mediante el teclado, o haciendo uso del siempre efectivo joystick, a elección del propio jugador.

No quería cerrar este breve comentario, sin dedicárselo a todos los compañeros de FASEBONUS, con Albert a la cabeza, y muy especialmente a Ignacio, cuyos comentarios han sido la fuente de inspiración de la que se ha nutrido este pequeño artículo.
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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.