SEGA 32 X

El 32 X era un periférico que llegó a salir en el año 1.994 y permitía a Mega Drive, teóricamente, equipararse a las futuras consolas de 32 bits, llegando a convertir a la máquina de SEGA en una de las plataformas más potentes que era posible adquirir ese mismo año, muy por encima de la consagrada Super Nintendo.

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Para ello era preciso insertar el periférico en la misma ranura habilitada para los cartuchos de Mega Drive, aunque la propia SEGA trató de promocionar el aparato animando a los consumidores a que lo usaran de forma conjunta con el Mega CD, otro add-on de grandes prestaciones para la época, aunque cosechó unos resultados mejorables, bastante discretos dadas las estimaciones iniciales de la empresa nipona.

Dejando de lado el Mega CD, el 32X era perfectamente capaz de emular los mejores arcades de SEGA disponibles en aquel mismo año, y con una soltura que asombraba por igual a propios y extraños; pues llegamos a ver obras del calibre de Virtua Fighter, que contaba con un acabado técnico incluso muy superior al de la futura Saturn; Virtua Racing, y tantos otros, mostrando unos juegos poligonales que se anticiparon a su época, con unos gráficos que nada tenían que envidiar a las placas arcades en las que se basaban.

Además sus cartuchos de hasta 32 megas solventaban uno de los mayores inconvenientes de Mega Drive, el que hacía referencia de forma directa al color que eran capaces de mostrar los distintos programas, consiguiendo la nada despreciable cifra de hasta 32.000 colores, frente a los 512 que ofrecía la consola de 16 bits de SEGA.

Sin embargo, a pesar de sus muchas virtudes, este aparato se convirtió en uno de los grandes fracasos de cuantos se recuerdan de la compañía, superado quizá tan sólo por los desastrosos resultados cosechados por Saturn a nivel mundial.

Las razones para tal tropiezo comercial hay que buscarlas en los siguientes factores.

Ante la inminente salida de las futuras consolas de 32 bits, la gente desconfiaba en gran medida de las capacidades de este periférico, pues como pudo verse dificilmente podía competir en igualdad de condiciones con los éxitos que cosecharía Sony o Nintendo en el futuro más próximo.
Daba además la sensación de que SEGA pretendía incrementar la vida de Mega Drive de forma artificial, tratándose de una consola que ya había dado claros síntomas de agotamiento, tanto en ideas como en prestaciones, pues ya se habían exprimido en gran medida sus posibilidades.

Por si fuera poco, el precio en el que había que incurrir para adquirir este periférico era notable, y su montaje no resultaba del todo práctico.

Eso por no mencionar el grandísimo éxito cosechado por otra consola de la competencia, Super Nintendo, que incluso consiguió renovarse a si misma mediante el uso del conocido chip FX, pues suponía una gran alternativa a un menor precio, puesto que no era necesario adquirir periférico alguno para conseguir un acabado gráfico de similar factura.

Incluso, pese a la calidad innata de la que hacían gala los programas del 32X enfocados hacia el juego 3D – que alcanzó su máximo esplendor más adelante con la llegada del famoso Super Mario 64 – la triste realidad es que no consiguieron ningún título de renombre que ayudase a impulsar las ventas de la plataforma, pues los cartuchos exclusivos para Super Nintendo continuaban resultando más atractivos de cara a los consumidores; mención especial para el célebre Donkey Kong Country, que seguía siendo bueno incluso si lo comparábamos con los primeros juegos disponibles para las nuevas consolas de 32 bits.

Es una verdadera lástima que las campañas de SEGA, tanto comerciales como de marketing, se mostrasen tan ineficaces, pues a día de hoy nadie duda en catalogar a este periférico como un aparato con un gran potencial que incluso llegó a superar a la propia Saturn en determinadas ocasiones, pese a lo efímero de su existencia y a sus malas ventas.
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