SEGA MASTER SYSTEM (PARTE 1)

Se cumplen treinta años de la llegada a España de la primera “bestia negra” de SEGA, ¿y qué mejor momento para recordar una de las consolas más injustamente ignoradas en gran parte del mundo?.

¿EL PRIMER “BATACAZO” EN LA HISTORIA DE SEGA?

En junio de 1.987, hace poco más de treinta años, Master System llegaba de manera “oficial” a las tiendas españolas, importada por Proein ElectronicsSEGA España no se estableció hasta 1.991 -, con un precio de venta de 19.900 pesetas.

Una consola de 8 bits con la que SEGA intentó arañar, sin éxito, el monopolio que Nintendo, con Famicom y NES, ejercía con mano de hierro en Japón y EE.UU., respectivamente.

El germen de la consola se fraguó años antes, con su primera versión, la llamada SG-1000, que se puso a la venta en Japón el 15 de julio de 1.983, el mismo día que lo hacía Famicom.

Su fracaso fue estrepitoso, con Nintendo copando más del 90% del mercado en el país.

Eso no desalentó a SEGA, que siguió trabajando en su hardware y lanzó sendas revisiones en 1.984 y 1.985.

Esta última fue bautizada como Mark III, que a Occidente llegó con un importante cambio de diseño y reconvertida en Master System.

Lo que muchos no saben es que el modelo original, SG-1000, llegó a España y a otros países europeos, como Italia, aunque en cantidades muy limitadas.

MASTER SYSTEM, UN SISTEMA SUPERIOR

Con el mercado japonés dominado por Nintendo, SEGA intentó abrirse hueco en el mercado americano en 1.985, pero, de nuevo, fracasó estrepitosamente.

En apenas tres años, Nintendo había logrado no sólo hacer olvidar el llamado “Crash” de 1.983 – una profunda crisis provocada por Atari, debido a la saturación del mercado con juegos mediocres -, sino que, además, había conquistado a los jugadores americanos, con su consola, presente en un tercio de los hogares.

SEGA llegó tarde a la fiesta, pero el “timing” no fue el único problema.

Nintendo se hizo con el mercado, en gran medida, por los férreos controles de calidad de los juegos que se editaban para NES y, por otro, por los leoninos contratos que firmaban los desarrolladores, que prácticamente les impedían sacar sus obras en otras plataformas.

Así, aunque SEGA era muy fuerte en los salones, y tenía nombres propios muy conocidos, como Turbo, Zaxxon o Space Harrier, en el mercado doméstico se vio más bien “sola”.

De hecho, en Estados Unidos sólo tuvo apoyo de Activision y Parker Brothers .

Otras compañías les vendían los derechos para que SEGA reprogramara sus obras, ya que, por contrato, ellos mismos no podían hacerlo.

UNA DERROTA DOBLE

Se estima que, en todo su ciclo de vida, Master System vendió alrededor de un millón de consolas en Japón, y apenas dos en Estados Unidos, donde SEGA, incluso, llegó a vender la distribución a una exitosa compañía juguetera, Tonka Toys, que no supo colocar bien el producto, a pesar de ser superior a NES en materia técnica.

En un intento por salvar los muebles, los directivos de SEGA empezaron a sondear otros mercados donde Nintendo no fuera tan fuerte, y así decidieron desembarcar en Europa y América del Sur.

En estos dos territorios, fue donde la consola dio el do de pecho, no sólo en ventas, sino también en otros aspectos, como la longevidad del mercado.

Así, por poner un ejemplo, el éxito de Mega Drive en EE.UU. animó a Sega of América a relanzar la consola de 8 bits con Master System II… pero el éxito no la acompañó.

Su último juego se lanzó en 1.991 – fue Sonic the Hedgehog -, mientras que, en Europa, su último título llegó en 1.996 – el cotizado juego de Los Pitufos, del que hablaremos más adelante -.

LA CONQUISTA EUROPEA

En Brasil, otro de los mercados donde la consola estuvo más tiempo activa, siguió recibiendo juegos hasta 1.998 – la mayoría ports de juegos de Game Gear a Master System -.

Pero, volviendo a nuestro territorio, se estima que, sólo en Europa, vendió casi 7 millones de consolas, lo que, además, explica que el catálogo europeo fuera mucho más grande que en EE.UU. y Japón.

Entre los tres mercados, suman un total de 372 referencias distintas pero, en EE.UU., se lanzaron poco más de 100 títulos, frente a los más de 260 juegos vistos en Europa.

¿A qué se debió esta espectacular acogida, frente al desdén de otros territorios?.

Pues hubo diversos factores.

El primero, y quizá decisivo, es que Nintendo no tenía una central europea – no se creó hasta 1.990 -, y el desembarco de NES fue más errático y gestionado de forma local por distintos distribuidores, a lo que hay que sumar que su elevado precio tampoco la ayudó a implantarse rápidamente.

Por otro lado, Europa estaba ya acostumbrada a jugar con microordenadores de 8 bits como Spectrum o Amstrad, que recibían abundantes ports – a menudo mediocres – de lo que veíamos en los salones recreativos.

Ver un sistema con carga inmediata de los juegos, y con ports razonablemente buenos de algunas exitosas recreativas, ayudó a que el sistema de SEGA se hiciera un nombre en el viejo continente.

Títulos como Hang-On, OutRun o Space Harrier así lo atestiguan, y también son el ejemplo perfecto de lo que SEGA seguiría haciendo en las sucesivas generaciones de hardware que estaban por llegar…

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