SHENMUE (PARTE 2)

LA MORAL OCULTA

Por ejemplo, si vamos de Don Importante en un billar para obtener información y probamos a lograr una carambola en la mesa de juego, un fallo supondría en otro juego la oportunidad de repetir hasta lograr el objetivo.

En Shenmue no es así: se nos pone de patitas en la calle y se nos dice “anda, vuelve mañana cuando estés más fresco, majete“.

Obviamente, y por más que doliera a su creador, era preciso satisfacer a algunos jugadores de atención nada pausada, y se nos permite acelerar el tiempo para alcanzar los objetivos que se nos plantean.

También contamos con una agenda en la que aparecen las pistas más básicas para lograr avances.

Es un confort inmerecido, y el jugador que decida sumergirse en esta experiencia notará cierta culpabilidad al aprovechar estos elementos: son una opción, no una obligación, y si prescindimos de ellos – es decir: si actuamos como haríamos en la vida real, por nuestros propios medios -, lograremos ver el sentido completo del juego y disfrutar mucho más de esta aventura.

Y así, nos encontramos que la realidad rige la continuidad del resto de elementos: informadores que están echando la siesta, tenderos que cierran cuando se pone el sol, llamadas de teléfono a deshora… Shenmue plantea un sutilísimo pero, en la práctica, extremadamente efectivo sistema de valores que nos conduce a cambiar nuestra conducta, amoldándonos a la de nuestros vecinos.

Esto es lo que se conoce como abrirse paso en la vida.

A nuestro alrededor la vida tiene lugar con total naturalidad.

El sistema Magic Weather System crea bellas transiciones entre la noche y el día, así como una climatología siempre cambiante, y de forma natural: una mañana nublada puede desembocar en una tarde lluviosa, o la nieve que vemos de noche dar paso a un día soleado.

No hay dos partidas iguales, si bien el amor de Yu Suzuki por el detalle es tal que la meteorología está basada en la de Yokosuka durante 1.986 y 1.987, cuando transcurre el juego.

LA MAGIA DE LO COTIDIANO

Shenmue es en sí mismo un prodigio de los videojuegos.

No hablamos de su calidad técnica o jugable, sino del juego en sí.

Es quizás el único juego que ha estado a la altura de unas expectativas desmesuradas, colmándolas en demasía para muchos usuarios que, tal vez, no estaban listos para él.

Shenmue es realidad matizada, mejorada, pero no diluida.

En la vida real no nos embarcamos en una búsqueda de venganza a base de artes marciales, ni podemos acelerar el tiempo o buscar un espejo místico.

Shenmue no es un camino de rosas, sino que empapa su desarrollo de una maravillosa cotidianidad, su mayor logro y el más incomprendido.

Es el único juego que nos da la oportunidad de vivir una vida muy similar a la real, pero con añadidos que la convierten en una aventura.

Es magia y épica con los pies firmemente anclados en la tierra.

Y en un mundo donde la vida sigue un curso ajeno a la del protagonista, donde la realidad resquebraja las texturas para imponerse, es imperativo afrontar momentos pausados, incluso difíciles.

El jugador poco avispado, deslumbrado por el despliegue técnico de Shenmue, puede pensar que todos los retos que le plantee el juego han de ser peleas multitudinarias, carreras en moto o QTE.

Es decir, momentos de pirotecnia visual y jugable.

Y aquí es donde entra el componente cotidiano, pero lo hace como un desafío, un nuevo obstáculo que forja el carácter del héroe para alcanzar un ansiado final.

Ryo, para conseguir su billete de salida, tiene que trabajar.

Y su cometido es tan fascinante como el de trasladar cajas con un montacargas en el puerto.

Es aburrido, es lento, pero es necesario y lógico para alcanzar un cometido, tanto en nuestro mundo como en este lugar virtual.

Cuando alguien juega a Shenmue por primera vez y comparte su experiencia, las sensaciones son siempre similares: la sorpresa al ver el nivel de detalle en la secuencia inicial, la impaciencia por sumergirnos en la aventura, el mareo ante la cantidad de posibilidades, la emoción al avanzar y lograr progresos…

Shemue es un diamante creado por un accidente irrepetible y el Canto del Cisne más maravilloso que haya podido conocer cualquier consola.

PARA QUE NOS ENTENDAMOS…

Id al salón, coged el tomo I de cualquier enciclopedia del saber universal y buscad la palabra “impresionante”.

Así es: la definición trae una foto de Ryo corriendo por Yokosuka.

¿SIN FUTURO?

Aunque Shenmue fue un estupendo vendeconsolas en el año 2.000, dando un buen empujón a Dreamcast tanto en Navidad como en Acción de Gracias – en Estados Unidos, se entiende -, el juego es considerado como un fracaso comercial dados los disparatados costes, no compensados por las ventas globales.

Shenmue 2 corregía defectos y aumentaba logros, además de aligerar la trama fundiendo varios capítulos en un único juego, pero llegó a la consola de SEGA cuando ésta daba las boquéas.

Un último balón de oxígeno llegó con el lanzamiento de la secuela para Xbox, pero el fracaso fue rotundo.

Tantos varapalos dejaron a Suzuki desalentado ante la idea de una tercera y última entrega que, por aquel entonces y pese a la presión de los fans, tenía todas las papeletas para no aparecer nunca…

Si bien SEGA no tuvo reparos en enfangarse con esa perversión llamada Shenmue Online, inédito en Occidente.

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