SHENMUE

Todas y cada una de las esperanzas que los usuarios vertieron sobre este título, se vieron recompensadas con creces. No en vano, de este juego llegó a decirse que fue el primero en cruzar la delgada línea que separa la ficción de la realidad.

Con Shenmue, Dreamcast llegó a su plena madurez, y se consolidó como una consola de ensueño demostrando que era muy capaz de plasmar en pantalla nuestros mejores anhelos e ilusiones, bajo la forma de un videojuego que ya forma parte de la memoria colectiva de toda una generación de usuarios.

Os he de confesar que comentar esta obra maestra de la programación supone un reto de considerable envergadura, pues es difícil plasmar en unas cuantas líneas siquiera un atisbo de la magia que oculta este GDRom, que resultó una experiencia única, inimitable, e irrepetible, donde todos sus posibles imitadores estarían condenados al fracaso más absoluto, tal era la magnitud de la epopeya que nos brindaba el propio Yu Suzuki y su equipo, el AM2.

Desde los primeros segundos que disfrutéis de vuestra partida, llegaréis a la inevitable conclusión de que este título no es equiparable a ningún otro que hayáis tenido ocasión de probar anteriormente, pues las semejanzas conseguidas con la propia realidad sorprenden a propios y extraños, a pesar del paso de los años, pues continúa siendo un referente en cuanto a virtuosismo gráfico se refiere, con un nivel de detalle tal en todos los apartados que lo componen que puede llegar a alcanzar unas cotas de semejanza con la realidad misma que nos envuelve que os dejará sin habla.

Partiendo desde el propio hilo argumental que da forma a la historia, todo parece ideado para fusionar el mundo virtual del protagonista, Ryo Hazuki, con el nuestro propio, pues tenemos la continua sensación de formar parte del mismo universo afín a tan carismático personaje, y de que paseamos junto con él por unas calles pobladas, vivas, con miles de historias que descubrir, y otras tantas aventuras de las que disfrutar.

Pero vayamos por partes, podéis olvidar aquí cualquier atisbo de fantasía. Este puede ser un posible lunar que algunos le pueden achacar al título, pues con frecuencia nos vemos obligados a realizar acciones cotidianas, tales como buscar trabajo, esperar a unos horarios concretos para acceder a determinadas tiendas, coger el autobús, y un largo etcétera.

Pero esta es sin duda otra de las grandezas del juego, pues consigue transmitir esa agradable sensación de trajín y de cotidianidad como ningún título ha sido capaz hasta la fecha actual.

Vuestro cometido abarca actividades aparentemente tan nimias como deambular por las calles de una inmensa ciudad, de proporciones envidiables, hasta pasar el rato jugando con distintas máquinas arcades marca de la casa, o enfrentarnos a toda suerte de matones de la peor clase.

Es tal la minuciosidad con la que se ha programado el título, que prácticamente podréis hacer cualquier cosa que se os ocurra y que sería posible en la vida real, en unos entornos además preciosistas como pocas ocasiones habréis tenido ocasión de ver.

La premisa sobre la que se asenta este Shenmue, consiste en incentivar al jugador a recorrer el mundo, viviendo de primera mano la trágica existencia del propio Ryo, que tratará por todos los medios disponibles a su alcance de conseguir información acerca del paradero del asesino de su padre.

Y este cometido, aparentemente tan simple, se torna en algo majestuoso cuando descubrimos con asombro que la ciudad está habitada por cientos de personajes con los que interactuar, que hacen gala de una vida propia y de una inteligencia artificial que consiguió romper moldes.

Olvidad los tiempos en que los personajes permanecían anclados a determinadas zonas del juego, pues en absolutamente cualquier momento de la aventura, podéis deleitaros viendo el trajín de gente, siempre en movimiento y atendiendo a sus horarios: coches que pasan, tiendas que abren y cierran para hacer sus descansos, locales que cierran de noche, gente ensimismada que atiende a sus propios quehaceres, y un sin fin de detalles que siempre consiguen sorprender, independientemente de la cantidad de veces que hayáis jugado a este preciado título.

Y precisamente en ese contexto, como un integrante más de esta compleja red de personajes, debemos asumir el rol de Ryo, tratando de integrarnos en la sociedad, como un individuo más, sin olvidar la que es nuestra principal preocupación, vengar la muerte de nuestro desafortunado padre.

El control que plantea esta apasionante aventura resulta ser igual de soberbio que el resto de apartados. De este modo, manejamos al personaje principal con una vista en tercera persona en todo momento, aunque podemos recurrir a la preciada vista en primera persona si así lo estimamos oportuno, tratando de dar con el paradero de algunos elementos en concreto, o bien con la única finalidad de deleitarnos con el asombroso nivel gráfico conseguido.

Y durante los enfrentamientos, pasamos a controlar al bueno de Ryo como si de un juego de la familia de Virtua Fighter se tratara, para que os hagáis una idea del mimo que se ha puesto en el desarrollo de esta obra lúdica sin precedentes.

Sin olvidar los momentos llenos de tensión y cargados de dramatismo que se resuelven mediante los denominados Quick Time Events, que tan de moda se pusieron años más tarde con títulos del calibre de Resident Evil 4.

Es tal la minuciosidad con la que se ha programado el título que nos ocupa, que incluso podemos perfeccionar a nuestro protagonista, consiguiendo, por ejemplo, ampliar el ya de por si gran repertorio de ataques disponibles, incrementando nuestra propia gama de golpes de forma contundente conforme avanzamos en nuestro particular periplo.

Y es que en Shenmue siempre os aguarda una grata sorpresa esperando ser descubierta, empezando por el increíble apartado visual conseguido por el equipo de programación, uno de los mejores de toda la historia de los videojuegos, si bien durante muchos años resultó ser el mejor de todos ellos, sin ningún tipo de duda al respecto.

Basta con fijarse en las expresiones faciales de las que hacen gala cientos de personajes, capaces de mostrar su propio estado anímico con una naturalidad tal que supera incluso a la propia realidad en ocasiones; pero es que este loable apartado gráfico no se limita a los personajes, sino que se extiende a todos y cada uno de los rincones que pueblan el extraordinario mundo de Shenmue, que abarca desde los incontables edificios, tanto el exterior como el interior de los mismos, así como a cualquier animal con el que nos podamos topar durante el juego. Cualquier elogio se queda corto al respecto.

Este fantástico apartado lo completan un sinfín de detalles que harán las delicias de todos los afortunados usuarios que tengan la suerte de atravesar el propio concepto de realidad que nos propone y nos consigue transmitir el juego con una maestría ya fuera de toda duda; vemos el paso de las horas reflejado en el tiempo, e incluso en nuestro propio reloj de pulsera, como el clima va cambiando el paisaje y dando forma a unos entornos de ensueño; hasta como cada uno de los habitantes que integran y contribuyen a dotar de vida propia a esta maravilla de juego gozan de unas pautas bien definidas, pulverizando el concepto que teníamos de la propia inteligencia artificial de los personajes secundarios. Aplicad esto mismo para cada uno de los habitantes que residen en la ciudad del protagonista.

Un juego, en definitiva, que supera a la perfección en si misma en todos y cada uno de los apartados que lo componen, una obra maestra atemporal para la que se invirtieron un gran número de años en gestarla, no en vano el proceso de producción comenzó en la maltrecha Saturn, y se merece la mejor de las puntuaciones, que de hecho cosechó, como era previsible.

Pero es que incluso otorgándole un sobresaliente, al alcance tan solo de algunas de las mejores obras lúdicas a las que hemos podido tener acceso, la puntuación obtenida no le hace justicia, pues la calidad de este Shenmue está mucho más allá de lo que se espera de cualquier título por muy soberbio y magistral que resulte.

Existe, sin embargo, una pequeña lacra que arrastra el título, y es que está traducido de forma íntegra al inglés, por lo que la gran complejidad y disponibilidad de diálogos, tanto con personas como a la hora de observar los distintos carteles, precisará de parte de vuestra comprensión.

Pero este pequeño detalle no consigue ensombrecer, el que probablemente sea el título más impresionante que ha salido para consola alguna de las ya conocidas, y que nada tenía que envidiar a las mejores creaciones de PlayStation 2 o incluso XBOX, más bien se daba el caso contrario.

Lo único que os puedo decir es que tratéis de conseguir este juego por todos los medios posibles, y es que pocas veces se puede decir tan alto, claro, y de una forma tan rotunda y contundente, esta es una obra maestra sin precedentes, que no os deberíais perder por nada del mundo.

Tanto si sois aficionados a los videojuegos como si no, Shenmue conseguirá sorprenderos y maravillaros a partes iguales, pues dificilmente encontraréis otro juego que consiga igualar el nivel técnico de este título.
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