SHIN SEIKIMATSU KYÜSEISHU DENSETSU HOKUTO NO KEN

No tardaron en bramar los críticos más rancios a finales de los ochenta: Hokuto no Ken, el manga, es un espectáculo de hiperviolencia huracanada sin más justificación que la recreación estética en la muerte y el dolor.

Material de primera, en resumen, para un videojuego.

Huelga decir que Mega Drive ya iba sobrada en materia de beat’em ups por aquel entonces, con representantes del calibre de Altered Beast o Golden Axe, pero se echaban en falta títulos similares enfocados hacia la acción más pura y desenfrenada.

Hokuto no Ken tuvo a bien escoger una fuente de inspiración perfecta para que su desarrollo se restrinja a la acción sin distracciones: la historia de un héroe atormentado que combate contra toda suerte de rivales en pasmosa inferioridad numérica.

Controlamos a Kenshiro, el sucesor de La Estrella del Norte, por una serie de escenarios apocalípticos y recreados en gloriosas 2D.

La dinámica tampoco resulta un prodigio de originalidad: combos sencillos, levísimas decisiones estratégicas a la hora de afrontar la aventura, y justas complicaciones: un entorno que se llena de enemigos que deben ser masacrados, oleada tras oleada.

Entre matanza y matanza accederemos a fases que incentivan la exploración, y temibles final bosses con funestas intenciones.

Sin duda, lo más destacado en Hokuto no Ken, y por ende lo que más llama la atención en este juego modesto pero consistente, es su violencia explícita: cabezas que explotan, cataratas de sangre, miembros cercenados y mucha casquería.

Todo ello acompañado de un diseño y grafismo apropiadamente repleto de claroscuros, digno heredero del manga en el que se inspira, e infinitamente más provocativo que la descafeinada versión de Last Battle que pudimos disfrutar por estos lares.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.