SHINOBI III: RETURN OF THE NINJA MASTER

El estilo de vida ninja estuvo influenciado por la remota época de los samurais, donde el honor y la justicia resultaron ser sus mayores señas de identidad, pues dirigían los actos y la espada de aquellos nobles combatientes.

Durante centenares de años este dogma se creyó exclusivo del imperio del sol naciente; no obstante, en la época reciente un formidable guerrero de padre japonés y madre americana, dotado de un talento y habilidad innata, consiguió superar estas barreras aparentemente incaccesibles para verse convertido en un venerable maestro en el arte del shinobi, pese a su temprana edad.

Su nombre era Joe Musashi, y con sus hazañas en las plataformas de SEGA se forjó una leyenda que lo ensalzaba a la categoría de mito.

Desde entonces su popularidad no paró de acrecentarse entre los usuarios de Mega Drive, que ya pudieron disfrutar en su consola de la primera aventura de este formidable justiciero, allá por el año 1.988, coincidiendo con el estreno de la plataforma.

Dado su glorioso pasado era de esperar que el nuevo título, protagonizado por el más famoso de todos los ninjas de cuantos pasaron por los circuitos de la 16 bits de SEGA, se convirtiera en un clásico desde el mismo momento de su lanzamiento, como efectivamente sucedió.

Y es que tras erradicar el mal de Neo City en repetidas ocasiones y enfrentarse en singular combate al poderoso Ninja Warrior, Joe Musashi volvió a participar en un episodio que superaba en dificultad y complejidad a sus anteriores desafíos.

Una vez más la ciudad ha caído bajo el influjo de una nueva banda de criminales, que responden al nombre de los Neo Zeed, y por méritos propios bien pueden considerarse como unos de los peores enemigos a los que se ha visto obligado a combatir el incombustible Joe.

No en vano le aguardan peligros en forma de experimentados samurais, tanto o más diestros que él en el manejo de la espada, sanguinarios ninjas y hasta la peor fauna imaginable, con el único objetivo en mente de poner fin a la cruzada del valeroso ninja, aún a riesgo de sus propias vidas.

El desarrollo se ciñe a las anteriores entregas, por lo que durante siete extensos niveles el usuario deberá adoptar el rol de Joe y eliminar espada en mano (o bien mediante el uso de shurikens si fuera necesario, e incluso valiéndose de poderosas magias en momentos de extrema necesidad) a todo tipo de maleantes para que la paz vuelva a reinar en su ciudad. Todo ello sin un solo momento de respiro.

Por fortuna la variedad de fases se ha incrementado de forma considerable, potenciando aún más las habilidades del protagonista, que en esta ocasión podrá galopar a lomos de un veloz corcel o bien surfear por arriesgadas zonas acuáticas, que como cabe esperar estarán infestadas de adversarios.

Pero el acierto de los programadores en busca siempre de una mayor diversidad de situaciones posibles va mucho más allá, pues han combinado con maestría brillantes fases de scroll horizontal con un avance vertical, dotando de una disparidad inusitada al progreso de la aventura y enriqueciendo el apartado jugable con una renovada gama de acciones disponibles, ampliando de paso la estrategia a seguir.

Un juego en definitiva, considerado por muchos de los seguidores de la saga como la entrega culminante de la franquicia, de un estilo rápido, mordaz y adornado con una marcada personalidad, que supuso la despedida del intrépido Joe Musashi de la etapa de los 16 bits, y ningún aficionado debería perderse.

RESUMIENDO

El apartado gráfico destila genialidad, pues muestra en pantalla unos personajes vistosos y muy bien definidos, dotados de unas animaciones sublimes, heterogeneidad de enemigos y un nivel de detalle para los escenarios, que a su vez son variados y ricos en matices, poco común.

Por su parte, las distintas melodías se adaptan con soltura a ese ritmo frenético que se le ha tratado de imprimir al juego, acentuando la acción desenfrenada y sin pausa que será una constante a lo largo de todo el recorrido. Sin embargo el resto de efectos de sonido no se han resuelto con la misma brillantez, pues se limitan a ser correctos en el mejor de los casos.

La jugabilidad hace gala de un control y manejo exquisito para el personaje central, viéndose favorecida por una mayor pluralidad de fases; si bien es necesario recalcar en esta sección que el nivel de dificultad se ha incrementado de un modo más que evidente con respecto a las anteriores entregas, pudiendo llegar a desesperar en algunas zonas concretas.

En síntesis…

La excelente calidad técnica que atesora el cartucho está fuera de toda duda; sirvan a modo de ejemplo la utilización perfecta y la suavidad del scroll parallax, y la sobresaliente animación de los sprites de los personajes.

La acción además está bien resuelta y la gran variedad de enemigos disponibles son capaces de satisfacer al más exigente de los usuarios.

Y como en la mayoría de las grandes creaciones de la época, trae consigo un nivel de dificultad que lo convierte en un arduo reto a superar incluso para los más virtuosos del pad, aunque son tales sus credenciales que se acepta de buena gana.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.