SILENT HILL

No intentes explorar la neblinosa ciudad de Silent Hill si no deseas sentirte genuinamente aterrado, si no tienes un corazón fuerte ni una nevera repleta de tu comida favorita, o si no has contratado una tarifa eléctrica reducida que te permita encender al mismo tiempo todas las luces de casa después de apagar la consola.

Este es un juego perturbador.

Mientras otros representantes del género sólo te hacen saltar, Silent Hill consigue que te sientas desnudo, tanto física como espiritualmente.

Es el juego que los monstruos de Resident Evil practicarían si tuvieran inteligencia para espiarse a sí mismos.

La iluminación, claro está, desempeña un papel fundamental.

La mayor parte del tiempo sólo puede verse lo que permite la linterna recargable, y su uso aún crea más sombras engañosas – incluso puede accederse a unos alegres mapas de estilo turístico si la luz es demasiado escasa -.

Y luego está el rumor de las bestias agazapadas en la oscuridad, y la radio que emite interferencias cuando los monstruos andan cerca; es un signo de alarma, pero tampoco reconforta demasiado.

El personaje del jugador, Harry, es físicamente frágil – basta con decir que jadea después de cada carrera -, y su ineptitud con las armas incrementa la sensación de vulnerabilidad.

La ambientación del juego también es inquietante, ya que utiliza el miedo residual, la enfermedad y la muerte en viejos hospitales, sillas de ruedas abandonadas, y una enfermera desquiciada con un pie en este mundo y otro en su vertiente infernal, conocida como el ultramundo.

La trama es bastante compleja, pero logra transmitir una sensación de soledad, hasta el punto de que sentirás pena por los personajes que dejas en Silent Hill cuando apagues la PlayStation y salgas para disfrutar de la luz y el aire fresco.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
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