SKULL MONKEYS

Siguiendo la estela del sobresaliente Earthworm Jim pero ambientado en un universo lleno de plastelina, Skull Monkeys bien puede ser considerado como uno de los mejores juegos de plataformas disponibles en el extenso catálogo de PlayStation.

La historia de este consagrado, aunque relativamente desconocido título, tuvo sus inicios en el año 1.988 con unas simpáticas ilustraciones, 17 en total para más señas, bautizadas como A Beautiful Day in the Neverhood, cuyo autor responde al nombre de Douglas TenNapel.

En aquellas imágenes ya era posible contemplar un complejo mundo construido a base de plastelina que, para alegría de miles de aficionados, derivó en un soberbio juego de PC que fue desarrollado por el propio TenNapel y su equipo, consiguiendo respetar la esencia de aquellas magníficas láminas.

El título en cuestión se dio a conocer como The Neverhood, y llegó a cosechar todo tipo de alabanzas entre la prensa especializada, e incluso Steven Spielberg no dudó en ensalzar aquella creación como una verdadera obra maestra.

De hecho las similitudes con el galardonado Earthworm Jim eran más que evidentes, partiendo del protagonista, puesto que Douglas TenNapel fue el creador de la carismática lombriz hormonada, siendo Klaymen, el inconfundible héroe de Skull Monkeys, un claro sucesor.

Asimismo el currículum de este atareado profesional incluye juegos de la talla de Jungle Book o Ren and Stimpy, del que rescata aquel flatulento humor.

Por descontado el resto del consagrado equipo de programación poco o nada tenía que envidiar al mismísimo TenNapel, pues habían participado de la creación de programas tan valorados entre los aficionados como Cool Spot, Global Gladiators, Vectorman o Aladdin, para que os hagáis una idea aproximada del talento que atesoraba el grupo de personas que hicieron posible a este célebre programa.

No sería aventurado decir que Skull Monkeys es por tanto la consecuencia de toda la experiencia adquirida con The Neverood, un híbrido entre las plataformas y los puzzles, con la salvedad de que aquel elaborado mundo construido a base de plastelina dio forma a uno de los más recomendables e imaginativos juegos de plataformas que vieron la luz en la añorada PlayStation.

Skull Monkeys es sin duda uno de esos títulos que aparecen en el mercado sin hacer mucho ruido ni llamar demasiado la atención, puesto que no aporta nada realmente innovador en su desarrollo, pero que una vez comprobadas sus virtudes maravilla a propios y extraños dado que conjuga con maestría los elementos que caracterizaron a algunos de los mejores juegos de plataformas jamás creados, como Super Mario World o el citado Earthworm Jim, y los engrandece con una puesta en escena sencillamente espectacular, resultado de meses y meses de trabajo realizando animaciones frame a frame con modelos construídos a base de plastelina.

Probablemente muchos de los lectores que hayan tenido la ocasión de ver el largomentraje de La novia cadáver entenderán bien a qué me refiero.

Basta con recrearse en cualquiera de las muchísimas animaciones disponibles, o bien con las intros del programa para darse cuenta de ello.

Respecto al título propiamente dicho, Skull Monkeys es largo y complejo como pocos.

Os aguardan más de una veintena de niveles a los que es preciso sumarle otros tantos ocultos, fases de bonus, alrededor de ciento veinte sub niveles, y secretos como para parar un tren.

Estas credenciales por si mismas ya bastarían para justificar su adquisición, pero es que la aventura además ha sido creada en modo storyboard, afectando de forma directa al peculiar sentido del humor del que hace gala el compacto y otorgándole por tanto un encanto muy especial.

Si añoráis aquellas plataformas tradicionales, pero con un tratamiento acorde con los gráficos de la etapa de 32 bits donde destacan los efectos 3D omnipresentes en los diferentes decorados, Skull Monkeys es vuestro juego.

Un programa clásico, en definitiva, dotado de un tratamiento gráfico revolucionario que destila genialidad y brillantez a partes iguales.

RESUMIENDO

A nivel visual el juego resulta una delicia.

Es innegable que entra por los ojos, pues la calidad de hasta el más mínimo detalle que conforma este peculiar mundo de plastelina ha recibido un trato inmejorable por parte de los desarrolladores.

Y si los entornos son un prodigio de la técnica, dejando patente la creatividad del equipo que los hizo posibles, mejores aún son las animaciones de los personajes que se muestran en pantalla, así como las secuencias de vídeo que no desmerecen en absoluto.

El apartado sonoro luce al mismo nivel, no en vano cuenta con una de las bandas sonoras más desenfadadas y surrealistas de cuantas hayáis podido escuchar hasta la fecha en videojuego alguno; sirva a modo de ejemplo la melodía cantada que suena con relativa frecuencia, de una calidad portentosa.

Sin olvidar a las muchísimas voces y sonidos que estarán presentes en todo momento, mención especial para las flatulencias que os acompañarán en vuestro alegre caminar.

Respecto a la jugabilidad, echar una partida a Skull Monkeys es sinónimo de deleitarse con las plataformas de toda la vida, pero adornadas con unos recursos gráficos vanguardistas. Todo ello mezclado con esos justos toques de humor corrosivo que, reconozcámoslo, tanto gustan.

Y es que no hay ni un solo aspecto en todo el compacto que haya sido descuidado.

En síntesis…

Skull Monkeys destila magia por cada uno de sus poros.

Tanta magia como plastelina ha sido necesaria para su elaboración.

Su lineal pero apasionante desarrollo convierte a cada nivel en un nuevo reto que afrontar con ilusión, y permite redescubrir la estética de Earthworm Jim pero elevada a la enésima potencia.

Una obra de arte en forma de videojuego que fue posible gracias al ingenio de los integrantes de Dreamworks, y nos llegó por cortesía de Electronic Arts.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.