SLY SPY

La historia de los videojuegos está repleta de títulos que encontraron “la inspiración” en películas de éxito.

Desde los antlions de Half-Life 2 al atestado centro comercial de Dead Rising – homenaje/plagio de Zombi: El Regreso de los Muertos Vivientes -, por no hablar de la tonelada de juegos “inspirados” por Star Wars, el cine siempre ha sido una fuente de inspiración a la que acudir a la hora de crear un videojuego y, si es posible, sin pagar un duro en derechos.

Entre los más descarados está sin duda Sly Spy, conocido en Japón como Secret Agent, el cual “fusilaba” a placer elementos de un buen número de películas de Bond.

La placa de Data East debutó en los recreativos en 1.989, poniéndonos en el pellejo de un agente secreto.

El “attract mode” de la máquina nos mostraba cómo el Presidente de EE.UU. y la Primera Dama eran rodeados, en la puerta de la mismísima Casa Blanca, por un grupo de villanos en jet pack con perversas intenciones.

El modo de vida americano está en peligro, y sólo nosotros podemos salvar la papeleta.

Tras introducir nuestro nombre en clave a través de tres dígitos – por supuesto, todos los chalaves de la época pusimos 007 -, se daba el pistoletazo de salida a un sinfín de peripecias que nos enfrentaban a los sicarios del Consejo por la Dominación MundialCouncil For World Domination -.

El “fusile” del legado Bond comenzaba desde el primer minuto de juego, con nuestro héroe en caída libre, como en el arranque de Moonraker, sobre los cielos de Washington.

Tras unos cuantos tiroteos en el aire, el agente desplegaba su patriotero paracaídas para continuar la balacera a pie, al más puro estilo Rolling Thunder, nada menos que frente al monumento a Lincoln.

Tras un movidito paseo en moto, con visita al puerto incluida – uno de los cargueros estaba bautizado con el nombre del diseñador del juego, Makoto Kukuchi -, nos esperaba el primero de los dos niveles submarinos de la placa.

Después de un puñado de fases más, que incluían un almacén, una guarida subterránea, un chino que lanzaba su sombrero – a lo Oddjob – y un clon no autorizado de Tiburón – inolvidable Richard Kiel – afrontábamos el duelo final contra el líder de la CWD, con maquiavélica trampa incluida – cómo no -.

Los abogados de los Broccoli, productores de la saga Bond, no estuvieron muy atentos al lanzamiento de la placa, o de lo contrario habría durado muy poco tiempo en los salones recreativos.

A lo largo del juego, nuestro agente rescataba a una glamurosa “chica Bond“, se colgaba de cables y grúas y, además de su emblemática pistola, podía llegar a hacer uso de ametralladoras y un jetpack, mientras recogía cronómetros para alargar el implacable límite de tiempo marcado para cada fase.

Repartidos a lo largo de los escenarios podíamos recoger pequeños emblemas marcados por la letra “G“, y fragmentos de una pistola dorada.

Si reuníamos los suficientes el juego nos obsequiaba, durante unos instantes, con un potente láser, capaz de acabar con varios enemigos de un solo tiro.

Al margen de su evidente deuda con la saga Bond, Sly Spy denota ser un hijo de su tiempo.

Los niveles eran cortos, aunque rebosantes de acción, y Data East abandonó cualquier atisbo de realismo para ofrecernos todo tipo de situaciones dignas de un “misterioso agente internacional”.

En un nivel estabas pegando tiros en el corazón de Washington y en el siguiente estabas nadando entre tiburones y minas submarinas.

Hoy en día la placa habría levantado en armas a PETA, debido a la cantidad de animales a los que dábamos “matarile”: desde los mencionados tiburones hasta perros de raza doberman e incluso unos cuantos tigres.

En algunos casos, con una crudeza que pone los pelos de punta, como la muerte del escualo que ejerce de jefe en la primera fase submarina, que acaba hecho picadillo.

En términos de jugabilidad, Sly Spy tenía luces y sombras.

Muchas partes del juego eran extremadamente repetitivas, como el monótono desfile de jefazos – ya vencidos previamente – en el final del último nivel.

Era un recurso explotado por muchos desarrolladores de recreativas, pero en Sly Spy contrastaba, y no para bien, con el prometedor arranque que nos había ofrecido la placa, donde, en apenas unos minutos, habíamos pasado de lanzarnos en paracaídas a montar en moto o bucear.

A pesar de todo, era un juego muy entretenido, con toneladas de acción y unos gráficos impresionantes para su época.

El éxito de la recreativa provocó, por supuesto, un buen puñado de adaptaciones domésticas.

Ocean Software se hizo con los derechos en una época de transición entre los ordenadores de 8 y 16 bits, lo que se tradujo en cinco versiones distintas.

Una labor de la que se encargaría un estudio externo de probado talento: Software Creations.

Sly Spy: Secret Agent – curiosa fusión del nombre occidental y japonés de la placa – gozó de unas estupendas adaptaciones, aunque lastradas por la multicarga, para Commodore 64, Amstrad CPC y ZX Spectrum.

Como era de esperar, los usuarios de Amiga y Atari ST fueron a priori los más afortunados, ya que disfrutaron de sendos ports prácticamente idénticos a la recreativa – sus creadores tomaron directamente los gráficos desde las ROMS de la placa -, aunque en realidad no eran tan divertidos a la hora de jugar como las versiones para 8 bits.

Por cierto, estas últimas han acabado convirtiéndose en objetos muy apreciados por coleccionistas, debido a su tardío lanzamiento, en 1.990, cuando la mayoría de los usuarios ya habían dado el salto a los ordenadores de 16 bits o las consolas… al menos en lo que se refiere al lanzamiento original de Reino Unido.

En eBay se puede encontrar la versión española por apenas 20 euros, pero a principios de 2.016 alguien llegó a pagar más de 250 euros por una copia inglesa para ZX Spectrum, así que la cinta debía ser de oro.

A pesar de su popularidad Sly Spy no llegó a ser adaptado a consola en su momento, aunque Data East sí llegó a distribuir en EE.UU. el port de Commodore 64.

Tuvieron que pasar muchos años, concretamente hasta 2.010, para ver a nuestro amigo el agente secreto en una consola.

Data East Arcade Classics, publicado por Majesco sólo para el mercado norteamericano, incluyó a Sly Spy entre otros clásicos recreativos de la casa, impecablemente emulados.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.