SOBRE ERIZOS Y FONTANEROS

Super Mario Bros Pixel Art Xtreme Retro NES Super Nintendo

Entre todas las tiendas de segunda mano que suelo frecuentar, me gusta particularmente la de Re-Nuevo en Barcelona.

No porque sea especialmente grande, ni variada, que no lo es; sino porque cada vez que la piso suelo toparme con alguna ganga, y tengo la impresión de cruzarme con amistosos fantasmas que por allí transitan.

Uno se encuentra de bruces con auténticas joyas en forma de cartuchos o CD-Roms, que antaño nos hicieron soñar, ensalzando a sus respectivos sistemas al firmamento lúdico.

Y a unos precios, por lo general, bastante asequibles.

En alguna ocasión me he chocado también con varios zagales, acompañados de sus parientes.

Eso me ocurrió el otro día, frente a un modesto escaparate, en el que sobresalían diversas cajas de Mega Drive y Master System.

En cualquier otro lugar, esa misma vitrina sería un motivo de sobrada alegría, pero allí pasaba tristemente desapercibida para los ojos poco entrenados.

La estampa del grupo que se interpuso en mi camino era la que se pueden imaginar.

Una chica aburrida, y el padre tratando de decantarse por un juego u otro, mientras les explicaba a otros dos retoños sus muchísimas virtudes.

Sin demasiado éxito, supuse, pues uno de los chavales estaba más pendiente de otro escaparate cercano, repleto de compactos musicales.

Los videojuegos clásicos les importan un carajo, me dije una vez más.

Algo comprensible, por otra parte.

En el mundo que les hemos dispuesto, poca falta les hacen.

Mejor, quizás, que ignoren a que sufran, en vista de cómo ha degenerado el negocio.

Pasaba junto a ellos cuando el padre, por una de esas casualidades de la vida, me reconoció.

Aunque no por mi labor al frente de Xtreme Retro, sino por los años invertidos en la llorada Old School Generation.

Escribe sobre videojuegos“, les dijo a sus chicos.

Autor de tal y cual.

Cuando pronunció el nombre del difunto blog, alguno me miró con vago interés.

Tal vez les sonaba, después de todo.

Saludé todo lo cortés que pude, e hice ademán de seguir con mis compras.

Pero aquel hombre, que portaba un cartucho de Super Mario World y Sonic the Hedgehog en cada mano, sugirió que yo conocía bien aquellos títulos, y puestos en materia, pidió que les contase algo sobre ellos.

Cualquier cosa que pudiera interesarles.

Incluso ahora, mientras tecleo estas líneas, albergo serias dudas sobre el interés que un reducido grupo de quinceañeros puede tener, a las doce de la mañana de un día gris, en lo que un fulano con aspecto lamentable, como el mío, les pueda contar sobre aquellos clásicos atemporales.

Pero no tenía escapatoria.

Así que recurrí a los viejos trucos que aprendí en la facultad.

Planteátelo como una breve exposición, me dije.

Algo que dure un minuto y sirva para ganarse el favor de la audiencia.

Una entrada con gancho, y son tuyos.

Luego te largas.

Se odiaban a muerte“, empecé, viéndo cómo su progenitor abría mucho los ojos, horrorizado.

Eran héroes, a su manera, que no podían verse ni de lejos.

Se envidiaban los éxitos y la fama.

Se despreciaban y zaherían cuanto les era posible, en viles campañas orquestadas por sus propias compañías.

Y éstas, se lanzaban anuncios mordaces, insultándose abiertamente, sin que la sangre llegase al río.

Hasta el punto de que muchos aficionados nos encontrábamos enfrentados, en uno y otro bando.

Pero eran unos personajes absolutamente maravillosos.

Los más grandes.

E hicieron posible el mundo del videojuego, tal como lo conocemos ahora“.

Me reía para mis adentros, porque ahora todos los chicos me miraban atentos.

Hasta los dependientes, encargados de otros escaparates, se habían acercado.

Y proseguí.

Tenéis suerte de llevaros a casa estos cartuchos.

Nunca en la historia del ocio electrónico, al menos si nos referimos al género de las plataformas, se dio tanta concentración de talento en apenas un par de juegos.

Los jóvenes de la época, defensores a ultranza de uno u otro, nos cruzábamos a diario, odiando y admirando a la competencia por igual, como os digo.

Pero, con el paso del tiempo, uno acaparó toda la gloria mundana, y el otro vivió lo suficiente para recordar días mejores.

Son las paradojas de esta triste e ingrata industra, a la que tanta pasión le profesamos“.

No se oía ni una mosca.

Los chicos, en ese momento, se habían agrupado, y escuchaban respetuosos.

No a mí, claro, sino al eco de otras gentes de las que les hablaba.

No las palabras de un hombre aburrido, cuyos artículos los traían sin cuidado, sino la historia fascinante de un trocito de la denominada cultura del videojuego.

De sus protagonistas y de su patria.

Y qué bien reaccionan estos cabroncetes, pensé, cuando les dan cosas adecuadas.

Cuando los hacen atisbar, aunque sea un instante, que hay aventuras tanto o más apasionantes que los últimos lanzamientos de PlayStation 4, Xbox One, o vaya usted a saber; y que es posible acceder a ellas cuando se camina prevenido, lúcido, con alguien que deje miguitas de pan en el camino.

Le sonreí al padre, que ahora me miraba complacido, y me devolvió la sonrisa.

Bonita labor la tuya“, dije.

Y difícil“, respondió.

Pero siempre hay algún justo en Sodoma“, apunté señalando al grupo, y al resto de dependientes que ahora volvían a la carga con nuevos clientes.

Mientras me alejaba, en busca de alguna tentadora oferta con la que engrosar mi colección, oí a un chiquillo preguntar qué era Sodoma.

Me reí a solas durante unos segundos, mientras inspeccionaba el espacio dedicado a mi queridísima Dreamcast.

Desde algún lugar, mi erizo favorito me guiñó un ojo, guasón.

Y yo le devolví el guiño.

Por alguna razón, la mañana se había vuelto menos gris, y un poco más cálida.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.