SOBRE LA SAGA PANZER DRAGOON

Ya sea como un matamarcianos de culto o en forma de sobresaliente RPG, Panzer Dragoon ha cautivado a toda una generación de jugadores gracias a un universo postapocalíptico, engalanado a su vez por el buen hacer de cierto ilustrador de origen francés.

Coincidiendo prácticamente con el estreno de Saturn, allá por el año 1.995, la entrega original de esta prestigiosa franquicia sorprendió al mundo entero con un desarrollo que responde al nombre de rail shooter, muy en la línea del mítico Space Harrier.

En el momento de su comercialización, cuando la etapa de las 3D aún estaba en pleno proceso de maduración, este programa encandiló a los aficionados gracias a su atractivo diseño y una estética postapocalíptica no exenta de cierta melancolía, ensalzada por una belleza sin igual.

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Tanto es así que el equipo encargado de su programación cuidó con esmero cada detalle, por efímero que fuera, consiguiendo unos resultados dignos de toda loa y alabanza.

Sirva a modo de ejemplo ilustrativo la lengua ficticia que desarrollaron para esta aventura, bautizada para la ocasión como panzerés, y que bien podría definirse como un híbrido entre el latín, alemán y por último el dialecto japonés.

Tristemente, el moderado éxito de Saturn forzó a Panzer Dragoon a verse convertido en poco más que un juego de culto, algo dolorosamente evidente al referirnos a la tercera entrega de la serie, que se distanciaba de forma significativa con respecto a los clásicos shootem ups para verse encumbrado como uno de los más distinguidos RPG’s de aquella etapa, y muy probablemente el mejor para su plataforma.

Sin olvidar que el escaso numero de copias disponibles convirtió rápidamente a Panzer Dragoon Saga en un título de coleccionista, cuyas cotizaciones llegaron a adquirir unas cifras desorbitadas.

El cuarto episodio, Panzer Dragoon Orta, pese a su notable calidad decepcionó a la gran mayoría de seguidores incondicionales por atarse estrictamente a sus orígenes, mucho más próximos a los habituales matamarcianos que a cualquier aventura al uso.

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Llegados a este punto es preciso destacar que parte del éxito de esta saga se debe al famoso dibujante de cómics Moebius, autor entre otros de prestigiosos trabajos como Blueberry o El Incal, y que en distintos capítulos figura como ilustrador.

No obstante, pese a que el equipo encargado de su desarrollo ha reconocido abiertamente la influencia del artista – y presumiblemente de su aclamada obra Arzach, cuyos parecidos con el juego son más que evidentes -, sería necesario apuntar que Moebius no aportó sus dotes artísticas al laborioso proceso de creación, sino que se limitó a idear el diseño de la carátula japonesa que, dicho sea de paso, realizó a partir del material gráfico que le entregó la propia SEGA.

De este modo felizmente los usuarios de Saturn pudieron embarcarse en una apasionante aventura mientras surcaban los cielos a lomos de un poderoso dragón.

Un comienzo épico para una serie de juegos que, pese a su argumento lineal – a excepción, claro está, del soberbio RPG – no tardaron excesivo tiempo en alcanzar la categoría de mito, y verse convertidos por derecho propio en una obra de culto.

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Por último, tan sólo resta destacar que también llegó a aparecer una sencilla entrega para Game Gear, aunque su repercusión fue meramente anecdótica, pues se limitaron a aprovechar el filón comercial para lanzar un cartucho que en el mejor de los casos pecaba de modesto.

Con todo, en vista del escaso numero de lanzamientos disponibles para la moribunda portátil de SEGA, resulta evidente que su aparición supuso un sobrado motivo de alegría para incontables aficionados al género.

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