SONIC, LA ERIZA SUPERSÓNICA

Debo pedir disculpas anticipadas en este mal llamado artículo, pues acabo de caer en la cuenta de que he estado viviendo en un error, y confundiendo – sin pretenderlo – al resto de visitantes habituales con esta página que me traigo entre manos.
¿Recuerdan aquel extenso reportaje sobre la creación de Sonic el erizo, o la entrada donde ensalzaba su primera aventura?.
Pues, pese a que estas declaraciones podrían sonar cuanto menos chocantes, resulta que Sonic no es un erizo, sino una eriza.
Descubrimiento que le debo a algunas lectoras femeninamente correctas, que han tenido a bien interrogarme vía Facebook sobre si he podido verle los huevecillos a la mascota de SEGA.
Mal me pese, debo confesar que no.

Asumo que ha sido un error mio, pues a todas luces me encontraba en la obligación de ojear su bisectriz antes de redactar tan frívolos comentarios, por mucho que los manuales de instrucciones y la propia SEGA se empeñen en asegurar lo contrario.

Pero qué quieren que les diga.
En mi defensa he de declarar que, cuando juego a sus aventuras, acostumbro a correr de aquí para allá con cierta prisa, y un enfrentamiento contra el temido Doctor Ivo Robotnik no se me antoja el momento más oportuno para tales menesteres.
Imagínense la escena, con el pérfido científico intentando despacharme por una vía poco diplomática, en tanto yo trato en vano de explicarle algo referente a los cojoncillos del erizo.
Así que, lo asumo, nunca me he interesado por este tema en concreto.
Supuse que Sonic era un varón al uso, y poco más.
Aunque por fortuna, aquellas reclamaciones poniendo el dedo en la llaga, me han permitido ver la luz.
Y finalmente estoy en condiciones de entonar el mea culpa afirmando que, tal como dicta la lógica, nuestro querido erizo en cuestión bien podría ser macho o hembra.
Y aquel mito sobre que su novia – es un decir – Amy lo espera con la sana intención de ser rescatada, equivale a una arriesgada, abyecta y machista suposición por mi parte.
La triste realidad es que por mi mismo jamás habría llegado a esta razonable conclusión, especialmente porque a la hora de identificar a Sonic lo asocio casi de forma automática con el género masculino.
Incluso a pesar de que – permítaseme matizar -, sus valores intrínsecos bien podrían extenderse a lo femenino.
Si bien, en honor a la verdad, diré que considero una soberana estupidez andar recalcando si Sonic es un erizo macho con valores compartibles con las hembras o viceversa, o si es un erizo homosexual y quien lo espera al final de cada nivel resulta ser otro fornido erizo de muy buen ver.
Puestos a ser rigurosos, incluso nos podríamos estar refiriendo a un erizo soltero, que atravesase South Island de un lado a otro con el firme objetivo de comprarse las revistas Playboy y Penthouse, a fin de llevarse una alegría para el cuerpo, y tuviese además su madriguera llena de porquería, con los platos todavía pendientes de fregar.
Aunque quizá estas sutiles afirmaciones no habrían templado la ira epistolar de mis ejemplares damas, pues con toda probabilidad, eso de atribuir actitudes de clara dejadez exclusivamente a los erizos machos sea caer en el mismo e imperdonable pecado sexista.
Así que, después de todo, a mi Sonic me parece un erizo normal y corriente, dentro de lo que cabe, claro está.
Sea como fuere, y tras las indagaciones pertinentes, aquí os muestro el oscuro secreto referente a la popular mascota erinácea: se trata de un erizo hembra, poco atractiva, ancha de caderas, con un marcado carácter temperamental y muy activa por añadidura.
La pobre se ve obligada a cruzar a velocidades de vértigo los más arriesgados niveles, y todo porque el vago e inepto de Tails está en su casa rascándose la barriga, jugando con su amigo Knuckles – éste si he comprobado que se trata de un macho -, y hechos unos zorros en potencia, con tanto fútbol y tantísima cerveza.
Y así, la sufrida eriza debe lidiar con las malas artes del Doctor Eggman para conseguir una opípara cena, mientras intenta por todos los medios que algún engendro mecánico no ponga fin a su pacífica existencia.
He sabido además que, cuando la afligida eriza finalmente consigue llegar a la meta, les acostumbra a echar una soberana bronca a sus dos compañeros de reparto, por capullos, y también por aficionarse de semejante manera al “furgol” y a la cerveza.
Luego, encima, se permiten el lujo de ponerle ojitos tiernos, los muy tontolhabas.
Vamos, que cualquier día de estos, los abandona para emprender una nueva vida junto a su bienamado Metal Sonic.

Ea!

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